Columna de opinión – ¿Renovarse o morir?

Año tras año, mes tras mes, semana tras semana recibimos nuevos videojuegos que se empeñan en colarse en nuestro cerebro y convencernos de que tienen que ser nuestra próxima compra. Poco importa si es una idea completamente nueva o si estamos ante la decimosegunda entrega de una mítica saga. Los aficionados del mundo del ocio electrónico compran un poco de todo a lo largo de un año sin importar cuántas entregas lleve a su espalda una franquicia.

Una máxima se ha extendido con los años y no solo en la industria del videojuego, sino en la vida en general: renovarse o morir. Hay quien dice que apostar por unas ideas firmes, continuistas y poco novedosas condena a una saga al fracaso, pero existen múltiples ejemplos (y algunos de ellos increíblemente recientes) que apuntan en una dirección completamente opuesta. Repasémoslos antes de emitir un juicio definitivo.

Hace una semana recibimos Destiny 2. El impacto del nuevo videojuego de Bungie ha sido menor que el de la primera entrega y en Reino Unido por ejemplo ha vendido la mitad de unidades en su semana de estreno que el primer Destiny. La compañía norteamericana ha apostado por el continuismo, pero también por incorporar esas novedades que los fans tanto demandaban. Han preferido apostar por la máxima de “si algo funciona, no lo toques” que por la de “renovarse o morir”.

Viendo el resultado nadie puede sostener que Bungie se haya equivocado, pues Destiny 2 es tan divertido como siempre, pero también más profundo, completo y jugoso. No es el único, pues Naughty Dog lanzaba hace unas semanas Uncharted: El legado perdido, que nació como una expansión de Uncharted 4: El desenlace del ladrón y que se ha acabado convirtiendo prácticamente en una aventura spin-off completa y redonda.

Lo cierto es que el título protagonizado por Chloe Frazer y Nadine Ross no avanza demasiado en lo jugable respecto a ese Uncharted 4 (aunque sí ofrece la zona explorable más grande de toda la saga), pero eso nunca es un problema. Tenemos exploración, una historia a la altura, protagonistas de gran nivel y una recta final de infarto. Es puro Uncharted y nada hace indicar que la franquicia esté estancada u ofrezca síntomas de agotamiento de ideas.

Por si fuera poco, ambos videojuegos han funcionado perfectamente a nivel de ventas (y lo lógico es que Destiny 2 siga acumulando jugadores conforme vayan lanzándose las futuras expansiones), de modo que la máxima de renovarse o morir no parece ser fundamental en el mundo de los videojuegos. De hecho este mismo año hemos tenido un caso contrario que hace hincapié, una vez más, en lo que estamos comentando.

Nos referimos a Resident Evil 7. A pesar de las críticas tibias por parte de muchos fans de la saga, Resident Evil 4, 5 y 6 son las entregas más vendidas de la franquicia de Capcom, pero aun así la compañía japonesa decidió dar un golpe de timón con su última entrega y devolverla al terror original, aunque esta vez en primera persona. Las críticas han sido estupendas y las cifras de ventas correctas, pero lejos de la brillantez de los títulos anteriormente mencionados.

En esta ocasión observamos que una compañía que sí ha apostado por la innovación y por renovar una saga que parecía en decadencia (al menos en cuanto a la crítica profesional) no ha funcionado como se esperaba, al contrario de los continuistas ejemplos que hemos rescatado con anterioridad. Nada es matemático y lo cierto es que tampoco hay nada de malo en que algunas desarrolladoras apuesten por experiencias parecidas a las anteriores en las que han trabajado. Si funciona ¿para qué cambiarlo?

No cabe duda de que siempre habrá quien critique y esté en contra de aquellos juegos que evolucionan poco con respecto a sus antecesores. Lo mejor de todo es que la industria del videojuego es tan gigante que hay dónde elegir. Cada año encontramos decenas de títulos que innovan y tratan de ofrecer algo diferente y otros tantos que prefieren sustentarse en bases conocidas y que saben que funcionan. Porque no siempre es necesario renovarse o morir.

Cerrar