Cuestión de dinero

 

Vivimos en un mundo, el de Occidente, marcado por los números, por el dinero. Está claro que no voy a descubrir América diciendo esto, pero sí es algo que a veces parecemos olvidar y que se puede aplicar muy mucho a nuestro sector, el de los videojuegos, y sobre todo a mi labor aquí. La de crítico.

Muchas veces uno se replantea cuál es su función, su aportación a la hora de desempeñar un trabajo ejerciendo como periodista. ¿Informar? ¿Hablar de novedades? ¿Pasarse muchas horas a la semana probando videojuegos y cubriendo eventos? Por supuesto, pero también me gustaría creer que es algo más.

La de los videojuegos, como cualquier otra industria, vive de las cifras. Al final lo rentable es aquello que puede considerarse un éxito, lo que tira para adelante, y lo que no, lo que se queda en el camino. Sin importar si es bueno o malo. Pero eso debe de ser, al fin y al cabo, problema de las compañías, las tiendas y los comerciales, no mío. Mi función, como crítico, tiene que estar por encima de eso. Y ni entenderlo ni molestarme en hacerlo.

A pesar de que la economía y las tendencias lo mueven, marcan y deciden todo, al final también debe de haber un lugar para la calidad, la innovación y la creatividad. Sería completamente terrible valorarlo todo según sus resultados económicos. Y es ahí, precisamente, donde quiero pensar que entramos nosotros, la gente que opina sobre videojuegos.

Al margen de nuestra independencia o profesionalidad, cada día se me hace más imprescindible que nosotros juguemos a ser utópicos. Nos olvidemos alegremente de la inversión, le rentabilidad y todos esos términos tan necesarios como aborrecibles, desde el punto de vista creativo. Nadie podría imaginar a Cervantes escribiendo el Quijote con la mirada puesta en el público potencial o la distribución posterior.

Entiendo que la de otros sea una labor mucho más fría y desagradecida, aquella que al final determina cuánto tiene cada uno en el banco. Por mi parte, en cambio, prefiero seguir viviendo en un mundo donde nada de esto importa. Simplemente preocuparme por lo divertido, original o bueno que es algo. Sin tener más influencias que el talento y el esfuerzo de cada creador. En un mundo como el nuestro, donde todo se mira y se juzga con la cartera en la mano, estoy convencido de que esto es más importante que nunca.

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