De indies y triples A

De indies y triples A

La pasada semana llegó a las tiendas No Man’s Sky, una original aventura espacial llevada a cabo por un minúsculo estudio llamado Hello Games, que ha estado trabajando con un equipo muy reducido durante varios años para sacar adelante el proyecto. Se trata de una propuesta independiente que, por su temática y forma de desarrollo, despertó desde el primer momento la simpatía y expectación entre un público que, desde hace unos días, está pudiendo disfrutar del juego.

Tal fue el interés generado durante los últimos meses que el título se ha convertido en uno de los mejores lanzamientos de PlayStation 4, tan solo por detrás de Uncharted 4: El desenlace del Ladrón. De hecho, como apunta Chart-Track, ha sido el videojuego más vendido en Reino Unido en su primera semana. Los jugadores de PC tampoco se han quedado atrás y lo han convertido en todo un éxito de ventas en Steam, donde el día de lanzamiento reunió, de manera simultánea, a 212.620 personas de las 495.000 que se habían hecho con una copia, según ha informado SteamSpy.

Sin embargo, y pese a las cifras, su estreno no ha estado exento de polémica. Los usuarios de PC han detectado numerosos fallos de rendimiento que incluso han llegado a expulsarles del juego directamente a su escritorio, lo que le ha valido numerosas críticas entre todos aquellos que, desde el primer momento, depositaron su confianza en el proyecto. Algunos de ellos incluso han solicitado el reembolso a Steam, que en ningún caso ha recibido un aluvión de devoluciones, tal y como han aclarado analistas de Niko Partners.

Lamentablemente, los reproches en torno al videojuego no se han generado únicamente por estos inconvenientes, que los desarrolladores esperan corregir mediante una próxima actualización. El principal aspecto señalado por muchos usuarios, no solo entre los compradores, ha sido el precio. ¿Merece una producción independiente costar en torno a 60 euros? Para un buen puñado de ellos la respuesta es no. Solo un triple AAA, un título de primer nivel llevado a cabo por un gran estudio, debe venderse por tantos billetes.

Por tanto, los bugs de los que tristemente ha hecho gala No Man’s Sky en su versión de PC y que otros grandes juegos también presentaron en su lanzamiento, como Batman: Arkham Knight, Assassin’s Creed Unity, The Elder Scrolls V: Skyrim, Fallout 4: Far Harbor o Battlefield 4, que tuvo problemas en los servidores en sus primeros meses, no parecen ser el único aspecto a considerar en la percepción general de que un indie jamás debe costar como un AAA. ¿En qué momento, entonces, el precio parece justificar el contenido?

La duración, que precisamente no es un inconveniente en el título que da pie al artículo, parece ser decisiva en el momento de la compra. Comparativamente, tal y como hemos podido leer estos días en redes sociales, una gran cantidad de usuarios se decantará por gastar su sueldo en un producto que logre entretenerlo el mayor tiempo posible aunque eso no se corresponda en un incremento de la calidad. Y en la mayoría de ocasiones un indie siempre ofrecerá una experiencia de juego más breve que una superproducción, que ha dispuesto de más medios, técnicos y humanos, durante su desarrollo.

Esta impresión de inferioridad, al menos en lo monetario, también ha ido aceptándose debido al hecho de que la mayoría de obras independientes solo llegan al público en formato digital. Las limitaciones de los pequeños estudios, que suelen adolecer de una potente distribución, no puede competir con las grandes compañías, cuya capacidad económica les permite afrontar la venta física. Como es lógico, muchos usuarios no ven aceptable desembolsar el mismo importe por un producto tangible que por otro formado por ceros y unos.

No obstante, las compañías más modestas son las que generalmente nos ofrecen las propuestas más originales y artísticamente más cuidadas. Seguramente, los únicos aspectos en los que pueden superar a los gigantes del sector, que no en pocas ocasiones se conformar con diseñar videojuegos cuya creatividad brilla por su ausencia. El caso más habitual es el de las entregas deportivas que, año tras año, el jugador no duda en comprar pese a tratarse de meras actualizaciones. Véase el caso de FIFA o NBA 2K, cuyo precio recomendado ronda los 60 euros y a nadie parece importarle demasiado.

Incomprensiblemente, si una obra de corte independiente llega al mercado con un precio similar, las alarmas se disparan de forma inmediata, como en el caso de No Man’s Sky. Esto es debido a que compañías como Electronic Arts, con Unravel a 20 euros, o Ubisoft, con títulos como Trials of the Blood Dragon, Valiant Hearts: The Great War, Child of Light o Grow Up, cuyo precio ha oscilado entre los 10 y los 20 euros en su estreno, han ayudado en la consolidación de la idea de que el importe de sus juegos “menores” debe trasladarse a los lanzamientos del resto de estudios, por humildes que sean.

¿Debería, entonces, valorarse de algún modo el esfuerzo adicional de los equipos que hay detrás de las pequeñas desarrolladoras? A nivel humano desde luego, aunque en lo referente al precio final del producto no debería ejercerse una discriminación positiva que tampoco sería justa para nadie. De lo que precisamos, seguramente, es de un cambio de mentalidad que pueda llevarnos a valorar una obra por su contenido más que por su duración, apartado gráfico o distribución, obviando en lo económico el desarrollo del título. Incidiendo, ¿acaso la edición anual de un título deportivo merece 60 euros de nuestro dinero? Probablemente no, pero al final será el usuario el que, implícitamente, le diga a la compañía si el precio que ha establecido es el adecuado. Por tanto ¿merece un indie el mismo desembolso que un triple A? La decisión es de todos.

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