De mujeres y videojuegos

En pleno siglo XXI todavía hay mujeres que tienen que entrar en el mundo de los videojuegos de puntillas y sin hacer ruido por miedo a no ser bien recibidas. Hay temas que deberían haberse solucionado hace mucho tiempo. Hay temas que no deberían desgraciadamente ser populares a día de hoy. Hay temas que nos debería dar vergüenza que creen tantísima controversia…

Hace poco menos de una semana apareció una noticia en la que un creador de videojuegos, que aún se nutre de su éxito con Commandos, hablaba de las mujeres que jugamos a videojuegos casi como si fuéramos criaturas mitológicas. En las pocas y controvertidas palabras que este hombre dedicó a un sector cada vez más presente, y no porque antes no existiera, sino porque ahora nos dejamos ver más, en la industria de los videojuegos, me di cuenta de que pensaba igual que muchos de los autodenominados True Gamers. Las mujeres apenas jugamos. Somos una minoría y si jugamos no pasamos de Candy Crush y Los Sims (que digo yo, que aún siendo mentira, ¿qué malo sería si solo jugáramos a esos más que dignos juegos?)

Es una afirmación que no tiene nada que ver con la realidad, una realidad en la que encuestas y estudios muestran que más del 40% de las personas que juegan habitualmente son mujeres. Un gran sector de la comunidad de jugadores, haciendo caso omiso a las miles de estadísticas que dicen lo contrario, tienen totalmente interiorizado que la mujer no juega a videojuegos y que las que lo hacen son excepciones. Y da igual cuántos porcentajes les muestres, que siguen en sus trece. Que no se bajan del burro. Que siguen pensando que somos unicornios.

Somos unicornios molones

Yo estoy harta. Y como yo cientos de miles de jugadoras están hartas de que se les invisibilice. No solo de que no se nos tenga en cuenta, y ya no hablo de la industria en sí, que podrá pensar en mayor o menor medida en las mujeres como público potencial, sino de la propia comunidad a la que sí, pertenecemos, cuyos miembros, no todos, obviamente, no me vengáis con el “not all men”, piensan que somos la minoría que completa la tarta… ¿por dónde iba? ¡Ah, sí!

No es solo el hecho de que exista la creencia generalizada de que somos una minoría que ni siquiera juega a videojuegos “reales”, está también la forma en la que se nos trata en dichos videojuegos “reales”. No son uno ni dos los casos en los que una mujer ha sido maltratada jugando a un videojuego precisamente social, nuestros favoritos, según Gonzo Suárez, como podría ser Overwatch. O League of Legends. O World of Warcraft. O cualquiera, en realidad. Aún me hierve la sangre cada vez recuerdo aquella noticia sobre Geguri y su impecable forma de jugar, producto de unas supuestas trampas. La chica es increíblemente buena, tiene un talento innato… Y les faltó tiempo a ciertos jugadores, profesionales al igual que la chica, para poner el grito en el cielo, porque, claro, una mujer no puede ser mejor que ellos, nosotras no jugamos tan bien como ellos. Hubo incluso amenazas de muerte. AMENAZAS. DE. MUERTE. Esto es grave, chicos. Es muy grave.

Que sí, que luego esos mismos que se habían convertido en basiliscos porque Geguri es mejor que ellos pidieron perdón y se retiraron del Competitivo de Overwatch. Pero el daño quedó hecho. Y este percance lo único que hizo fue engrosar la lista de mujeres maltratadas al jugar a videojuegos.


¿Cuántas de nosotras han sufrido insultos, comentarios machistas y demás porquerías del tipo “vete a fregar” o “hazme un sandwich” una vez se ha sabido que éramos mujeres y estábamos jugando? ¿A cuántas de nosotras se nos ha negado el hecho de que fuéramos “gamers” (que, personalmente, ni siquiera uso esa palabra), porque no conocíamos cierto juego que el hombre de turno se lo tiene estudiado de principio a fin? ¿A cuántas de nosotras nos han acusado muy alegremente de postureo porque nuestros juegos favoritos están en un teléfono móvil? ¿Cuántas veces nos han degradado, nos han despreciado o nos han insultado porque hemos sido mejores que ellos?

Llevo desde muy pequeña jugando a videojuegos. Creo recordar que el primero que jugué fue Alex Kidd, que venía incorporado a la ínfima memoria de la Master System II que mi madre tenía, y con la que ella pasaba las horas jugando al tenis. Tras eso, en mi casa jamás ha faltado una videoconsola. Enseñé a mi hermano, un retaco él, por aquel entonces, cómo jugar a los niveles más difíciles de Crash Bandicoot, sin perder todas las vidas en el intento, en la PlayStation. Y nuestras buenas risas nos echábamos con aquel Destruction Derby que tanto nos gustaba y al que estábamos terriblemente enganchados. Jugaba y juego a videojuegos, casi cada día. Y sí, también a videojuegos de móvil, estoy enganchadísima a Kingdom Hearts Unchained X. Y salgo casi todos los días a atrapar Pokémon. Era mi sueño desde niña. Y me encanta Neko Atsume, ¿pasa algo?

Pero nunca me he sentido parte de la comunidad de jugadores. Se me antoja hostil hacia mi género, sobre todo viendo comentarios como los de Gonzo Suárez y otros tantos hombres que creen estar en su derecho de juzgarnos y tratarnos de una forma que haría llorar a sus madres.

Y es una gran pena que a las mujeres se nos borre del mapa de jugadores de esta manera. Y es una pena que cierto sector le siente tan mal eso de que, aunque se nos intente echar a un lado, no nos callemos y digamos, sí, estamos aquí, en voz bien alta, para que nos oigan también los del fondo. Aceptadlo de una buena vez y dejad de soltar bilis cada vez que intentamos y conseguimos hacernos oír.

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