De profesión, consola

Hace unos años, el concepto de consola era muy diferente al de PC. Las consolas eran máquinas creadas por y para un único fin: jugar. Y no jugar de cualquier manera, sino de forma directa, sencilla y sin complicaciones. Era su principal baza frente a los complicados ordenadores. Comprar un juego y enchufarlo en MegaDrive, PSOne o PlayStation 2 tenía una gran ventaja: la inmediatez.

Incluso se podría hablar, hasta donde la memoria me alcanza, de un perfil diferente de jugador, así como géneros que históricamente tenían una presencia mayor dependiendo de cada sistema. Dicho de otra manera: las consolas eran consolas, y los ordenadores eran ordenadores. Cada uno se llevaba su parte del pastel, y todos contentos. Yo, personalmente, nunca tuve demasiado interés en jugar en un ordenador, y conozco usuarios que pocas veces han encendido en su vida una consola. Para gustos, los colores.

En cambio, en esta generación algo ha cambiado. Tal vez por la popularidad del juego en línea, o quizás por la firme intención de Sony y Microsoft de plantar su aparato definitivo al lado del televisor, las compañías “consoleras” han ido introduciéndose cada vez más en otro terreno. Tanto es así, que muchos profesionales de este sector están empezando a encontrar dificultades para distinguir a la hora de decidir si comprarse una consola “next-gen” o directamente dar el salto al mundo de la informática.

Uno de los desarrolladores más respetado del sector, Warren Spector, ha sido de los primeros en hablar sobre este tema, a raíz de las presentaciones de PlayStation 4 y Xbox One. Sus palabras han sido tajantes al respecto: “Hay muchas formas de conectarse a Internet o ver la televisión, convertir las nuevas consolas en centros de entretenimiento completo es una decisión peligrosa”.

La gran pregunta es: ¿ha cambiado tanto el perfil de jugador que hoy en día es necesario conectarse a Skype, chatear o descargar cosas, pasando el juego en sí a un segundo plano? ¿Es el único futuro un híbrido tecnológico que nos permita mandar correos, ver la tele o jugar en un mismo aparato?

De ser así, da la impresión de que la consola, como aparato simplemente creado para jugar, tiene los días contados, y que incluso puede que ya sea cosa del ayer. Pero de ser así, ¿por qué precisamente ahora? ¿Por qué no derrotó la sombra del PC a las consolas hace mucho tiempo? ¿Han sido los shooters el determinante absoluto para cambiar la perspectiva de los usuarios?

Muchas preguntas que a buen seguro están en la mente de todos. Pero lo que está claro es que los tiempos en los que las consolas miraban orgullosas e indiferentes a los ordenadores, sus usuarios y sus formas de jugar han acabado. Estas finalmente han decidido tomarles el pulso a sus competidores e introducirse de lleno y sin disimulos en su propio territorio. Tal vez por ambición, o puede que por necesidad, quién sabe.

Al final la respuesta, como siempre, la tendremos nosotros, los propios jugadores.

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