Dispositivos móviles y videojuegos

Dispositivos móviles y videojuegos

La revolución que ha supuesto la telefonía móvil, va más allá de la simple posibilidad de llamar desde casi cualquier sitio. Los dispositivos móviles han evolucionado tanto y tan rápidamente, que en la actualidad, desde una tablet o smartphone, tenemos acceso a la mayoría de servicios y actividades que con más frecuencia realizamos desde un ordenador de sobremesa. Si ha esto le sumamos el mercado de aplicaciones que convierten nuestros teléfonos y tablet en casi cualquier cosa que podamos imaginar… no es complicado entender el impacto que ha supuesto en nuestro día a día; es como llevar al Inspector Gadget en un bolsillo.

Hasta aquí el recordatorio de la revolución tecnología a que ha supuesto el uso de dispositivos móviles. Porque de lo que me gustaría hablar es de cómo ha afectado esta irrupción móvil en nuestro entretenimiento favorito: los videojuegos. Jugar desde cualquier sitio no es de ahora. Hubo una Era remota y dorada, en la que incluso PCeros y consoleros convivían en paz y armonía, incluso eran la misma persona. Y en este microcosmos jugón, convivía una reducida aunque selecta comunidad de sistemas portátiles que hacían las delicias de muchos jóvenes a puerta cerrada, en la intimidad del baño, viajes de media jornada a Cuenca (las pilas no daban para mucho más), o exprimiento los 20 minutos de recreo.

Ahora tenemos más medios, y sobre todo baterías más poderosas (nunca lo suficiente). Y los días de vicio portátil no se han olvidado. PSP, Nintendo DS, y sus sucesoras, mantienen viva la llama de los sistemas portátiles. Aquí se hace obligada una parada y mención, para señalar el acierto de Nintendo al incluir en una consola la pantalla táctil y hacer su expansiónasiva, fue un hito que propició la enorme penetración de videojuegos adaptados a la dinámica táctil de smartphone y tablet.

Llegaron los smartphones y los mercados de aplicaciones… empezaron a brotar en ellos, minijuegos y reinvenciones de juegos clásicos de vida breve pero de altísima jugabilidad. Creaciones para cubrir un modo espontáneo de jugar, basado en las dinámicas high score, principalmente. Así fue como proliferaron la adaptación de la hasta aquel momento marginada raza de los minijuegos.

Esto fue únicamente la cabeza de playa para lo que estaba por llegar, los peones que abren camino a las piezas poderosas. Porque lo que vino a continuación ha sido la consolidación, aunque a muchos le pese, de los dispositivos móviles como plataforma de videojuegos. Así lo indican detalles como el de la saga Plants vs Zombies que empezó sus días en mercados de aplicaciones y han pegado el salto a las consolas de última generación; o cuando compañías como Konami cambian el rumbo y fijan sus miras en este mercado; cuando es suficiente echar un vistazo superficial por Google Playa y App Store; o al ver, entre el mar de opciones para convertir nuestro móvil en linterna, lector de código de barras, preparador físico personal, confidente amoroso, incluso paraguas (en proceso de desarrollo), que podemos encontrar un sinfín de juegos con títulos tan legendarios como Final Fantasy, desarrollos de factura profesional y vida de muchas más horas de las que nos va a aguantar la batería, y un abanico de juego tan amplio como el público al que va destinado: todo el mundo.

Me gustaría concluir este artículo con una duda que no me había planteado antes de empezar a escribir, y me recuerda a la cuestión sesuda de: ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? Aquí va la premisa: para bien o para mal, los dispositivos móviles han supuesto la masificación del videojuego casual, sin importar edad, sexo, condición, ni tendencia videojueguil (aquí PCeros, consoleros, y fanboys, entran en el mismo saco), pero también han atraído a jugones de nueva generación que no hacen ascos a echarse un vicio a las aventuras, shooters, o RPG's que pueblan los mercados de aplicaciones. Entonces: ¿han sido los dispositivos móviles los que han creado la oferta de esta modalidad de juego portátil, o hemos sido los usuarios los que lo demandábamos por hábitos y ritmo de vida? Ahí lo dejo.

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