El día de mañana

Llevo muchos años trabajando en este sector, y muchos más siendo un gran aficionado al mundo de los videojuegos. Y desde hace mucho, prácticamente sus orígenes, llevo escuchando todo tipo de tonterías. Unas de las más frecuentes, sin duda, esas de que el futuro de la industria está en peligro, o de que el PC se va a merendar a las consolas.

¿Tonterías? ¿Realmente lo son?

De un tiempo a esta parte sí, sin duda. Pero ahora, y por primera vez en toda mi vida de jugón, sí empiezo a verle un poco la orejas al lobo. No pienso que la industria vaya a desaparecer, ni mucho menos (al fin y al cabo nadie va a dar por perdido algo que da tanto dinero), pero sí se puede intuir un cambio. A peor.

No voy a ocupar este espacio en buscar culpables, aunque sí es cierto eso de que ningún imperio cae si no se destruye primero desde dentro. Llevamos demasiados años obsesionados con la tecnología, la innovación y las cifras de todo tipo. No digo que esto esté mal o no sea necesario, pero sí nos hace olvidar en ocasiones lo que realmente debería importar: los juegos.

No nos engañemos, la industria de los videojuegos aún no tiene la madurez que a muchos nos gustaría. Y eso puede volverla débil de cara al gran público, ese que devora todo a su paso desvirtuándolo cada vez que algo se pone de moda o se vuelve realmente mayoritario.

En realidad, es imposible saber qué pasará el día de mañana o cómo y a qué jugaremos (o no), pero parece bastante claro que el futuro lo marcará la generación que está por llegar. O que ya ha llegado, si decidimos incluir Wii U. Es muy probable que su éxito o fracaso determine para bien o para mal el transcurrir de los próximos años. Ojalá tengamos suerte y no tengamos que escuchar en bastante tiempo eso de que “los juegos free-to-play son el único futuro” o que a la gente a día de hoy “solo le interesa el iPhone”.

Ojalá…

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