El Jugador 2

Lleva toda la vida persiguiéndome, siempre ha estado ahí, agazapado esperando el momento de echar una mano. Siempre cerca…

Yo no media mucho más que la barra del bar, un chicuelo que se sentía mayor por atravesar la puerta de ese antro y no era más que 150 centímetros de ignorancia apuntando hacia el cielo. Aquel garito olía a Farias, a cerveza derramada, a vino peleón y a partida, sobre todo a partida. Pero no esa que los viejos echaban en la mesa del fondo tirando el órdago. La partida de verdad se disfrutaba con una moneda de 5 duros que racaneabas a tu madre después de bajar a comprar el pan.

Te acercabas a la máquina contento por verla vacía y el Double Dragon echaba a andar como una metáfora de la vida: adelante, siempre adelante, cada vez más difícil y exigente, cada vez más satisfactorio al superar el jefe final de turno. Y, como en la vida, fantaseas por andar siempre solo pero alguien se pone a tu lado. Insert coin y ahí estaba, para echar una mano, para pelear juntos, para disfrutar de la partida del principio al final, para pasarte otra moneda si te quedabas en el camino porque este juego no se puede acabar solo.

Y ahí ha estado siempre el Jugador 2. Está claro que uno quiere sus momentos: lanzarse al yermo solo, matar a Alduin sin necesidad de nadie más, subir al Olimpo en busca de venganza sin más compañía que dos espadas… Pero hasta después de hacer eso buscas a alguien como tú que haya encontrado los tesoros de Drake, escapado de Rapture o acribillado a balas Liberty City. ¿Qué mérito tiene raparse la cabeza como Max Payne y burlar a balazos la pesadilla si luego no puedes contarlo?

Siempre estuvo ahí, siempre estará ahí. Yo a veces pienso que ese chico con el que me encontraba en el bar de pequeño para jugar a Streets of Rage, Golden Axe o Street Fighter II, sigue siendo cada noche el mismo en el online. El jugador 2.

El que golea a mi Atleti, el que me adelanta antes de llegar a la meta en Dirt, el que me deja regalos en Fable, el que crea un nuevo nivel de LittleBigPlanet.

Y es que, como Chuck Norris, mola mucho ser un Lobo Solitario, meterse en la piel del héroe. Pero al final los mejores recuerdos que dejan los videojuegos son las tardes en casa del primer amigo que compró la Mega Drive, codo con codo cuatro chavales con granos y el Sega Rally. Un Virtua Fighter que saca los colores a tus compañeros, las noches de PES con la PlayStation, el enorme mando de la primera Xbox rulando entre colegas en el multi de Halo…

Los que no nos conocen a los fans de los videojuegos nos imaginan solos, sin mucha más vida que una consola. Qué poco saben. Ellos no conocen el significado de una frase que nos hace distintos, que nos une, que nos hace grandes. Y que solo sabemos decir nosotros, solo nosotros sabemos el poder que contienen sus letras, solo nosotros sabemos que no se le dice a cualquiera. A quien se lo dices tiene que ser un igual, un hermano, un compañero de batalla.

Una frase que aparece cuando eres un héroe, lo tienes todo y generoso renuncias a la gloria. Miras a los ojos del jugador 2 y dices: TOMA EL MANDO.

Publicaciones relacionadas

Cerrar