El peso de la actualización

El peso de la actualización

¿A quién no le ha pasado que en cierto momento decide ponerse a jugar a un determinado título, y le salta un mensaje donde se le advierte que hay una nueva actualización disponible para el mismo? Este es uno de los inconvenientes al que la gran mayoría nos hemos tenido que enfrentar en uno u otro momento. Un problema que, a no ser que únicamente pretenda corregir algún fallo menor del juego, suele tardar bastante tiempo en descargarse e instalarse. Tiempo que podríamos estar dedicando a nuestro juego en cuestión.

No obstante, dejando de lado las grandes y pesadas actualizaciones, en los títulos multijugador nos encontramos ante un problema similar, aunque su molestia es algo distinta. Porque en esta clase de juegos, al buscarse un equilibrio prácticamente absoluto que no permita a unos tener una excesiva ventaja sobre sus adversarios, el tema actualizaciones es una constante. Aunque no de la misma forma que aquellas actualizaciones que pueden tardar horas y horas hasta que por fin se nos comunica que podemos continuar con nuestra partida. En este caso nos encontramos ante unos parches, más o menos pesados, cuyo mayor inconveniente son sus resultados, no el proceso de descarga e instalación.

Porque en muchas ocasiones nos encontramos con que, si se trata de un título de lucha, nuestro personaje preferido, aquel que hemos aprendido a controlar y con el que éramos casi invencibles en el modo online, ha visto sus habilidades y ataques mermados, de forma que tal vez ya no se encuentre al nivel que antes. Y, por otro lado, puede darse también el caso contrario, que un personaje que nadie usaba por su falta de poder acabe convirtiéndose en el más fuerte del juego.

Sin ninguna duda, al final lo que decidirá qué hace mejor a unos personajes o características sobre otros, será el propio jugador, que puede considerar que ese parche no afecta en absoluto a su estilo de juego. No obstante, otros, y más aún en el sector profesional, pueden ver como un mínimo cambio en el juego afecta por completo a sus estrategias, e incluso pueden suponer un gran palo para su rendimiento.

Hace algún tiempo, por ejemplo, Overwatch fue el centro de la polémica debido a los cambios constantes que Blizzard introduce en el juego y que, en algunos casos, han acabado modificando por completo el comportamiento de algunos de sus personajes. Sin embargo, pese a las quejas por sus continuas actualizaciones, al final podemos decir que estamos ante un título en el que cada personaje tiene su propia misión en cada partida. Un objetivo que Blizzard ha logrado que cada vez esté más claro y que, a pesar de que aún podrían hacerse algunas mejoras, nos encontremos ante uno de los títulos con un balanceo más que correcto entre sus héroes.

Por otra parte, este pequeño inconveniente al que los jugadores nos solemos enfrentar día sí, día también, cuando queremos jugar online, en ocasiones no acaba mejorando la futura experiencia de juego. Sobre todo cuando, en lugar de corregir algunos fallos, el parche termina por añadir nuevos problemas al juego. Algo que, junto a otros factores puede acabar con un abandono masivo de los jugadores, como ya le pasara a For Honor, un gran juego que ofrecía una propuesta de lo más original, pero que ha visto como su número de jugadores iba descendiendo por diversas polémicas.

Sin embargo, esto nos lleva a otro punto importante, ya que, a pesar de lo molesto que pueda llegar a ser tener que actualizar un mismo juego una y otra; y dejando de lado el hecho de que estos parches no solo modifiquen las características de nuestros alter ego virtuales, o de las armas, héroes del título, sino que también corrijan toda clase de errores y bugs, nos encontramos con que también sirven para combatir uno de los problemas más graves de los videojuegos: los hacks.

Porque, aunque puedan suponer un pequeño incordio, las actualizaciones son más que necesarias para combatir y acabar con todos aquellos que se dedican a llevar a cabo todo tipo de trampas con la única intención de lograr una ventaja más o menos considerable sobre el equipo o jugador rival. De hecho, gracias a estos parches que en muchos casos llegan a ser incesantes nos encontramos ante títulos en los que resulta muy complicado tropezarse con alguien que no juegue limpio.

Y aún así, hay otra traba que, a pesar de estar creada para luchar contra estos jugadores que se dedican a ganar de la manera más fácil e ilegítima, también pueden acabar afectando a una tercera parte que poco o nada tiene que ver con esa clase de comportamientos. Nos referimos a las penalizaciones. Algo que, aunque nadie duda de que en muchos casos son necesarias y que incluso deberían ser más duras, pueden acabar con jugadores baneados o perjudicados de cualquier otra manera, mientras los auténticos tramposos salen impunes.

E incluso, en muchos casos se penalizan desde fallos con la propia conexión, hasta fallos del mismo juego, que nos obliga a abandonar la partida en un determinado momento, como si el afectado hubiera actuado de la misma manera que alguien que añade a la partida un programa que facilita, por ejemplo, el apuntado automático. Por lo tanto, en última instancia solo cabe preguntarse si estamos dispuestos a soportar el peso de las actualizaciones y todo lo que conllevan cuando decidimos abordar un multijugador online.

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