El progreso es un capón

Como sabe casi todo el mundo estas alturas, las partidas en línea de Street Fighter V no han funcionado muy bien durante la última semana ni tampoco tiene modo Arcade, así me he dedicado a jugar al Supervivencia, que en esencia es muy parecido. Este modo, en dificultad normal, me reta a superar a treinta adversarios en una sola ronda, algo a lo que yo me veía capaz, así que he seleccionado mi luchador, he avanzado ronda tras ronda, unas veces haciendo Perfect y otras sufriendo más, pero siempe me encontraba con la misma piedra en el camino, mi némesis, mi antítesis, ese luchador que me da una paliza y me entierra la cabeza en el suelo: Zangief. Pero a la misma vez, he visto en mi camino el monomito, la leyenda del viaje del héroe.

El coloso ruso aparece en la ronda veintisiete, es decir, en la recta final donde las cosas se empiezan a poner serias. Es un ser impasible que de una sola llave te puede quitar media vida si él quiere. Y a menudo quería. No era capaz de vencerle, era superior a mí. Siempre me topaba con el mismo muro de músculo sin saber cómo reaccionar, así que me decidí a cambiar de táctica.

Esto era algo entre Zangief y yo. Ya no quería ganarle aunque fuera con suerte, quería devolverle los palos y dejarle en ridículo, hacer que él me tuviera miedo a mí, ¿pero cómo conseguirlo? Me fui al modo entrenamiento, le seleccioné como rival y ahí estuvo un buen rato recibiendo mis golpes. Comencé por ejecutar las técnicas que mejor me sabía, ajustando los tiempos, pero poco a poco descubrí combos nuevos. Cuando me sentí lo bastante seguro, pedí a la máquina que controlara a mi enemigo dentro del modo entrenamiento, y Zangief, efectivamente, comenzó con su festival ofensivo. Tras un buen rato defendiéndome y contraatacando, descubrí dos cosas: la primera es que debía mantenerlo alejado de mí tanto como pudiera, y la segunda, que había un golpe que le dejaba vendido pero nunca había probado a ejecutarlo.



Todos los juegos tienen su sistema de progresión. En los juegos de rol, por ejemplo, a menudo uno descubre que no puede avanzar por una zona porque no tiene suficiente nivel. Es entonces cuando decide invertir un rato en subir varios niveles, para luego pasar arrasando por allí. En otro terreno como puede ser el de la conducción, lo mejor es ensayar muchas veces un circuito hasta que marques los tiempos más bajos al tener dominada cada curva.

En Street Fighter, por su parte, la evolución del jugador es algo muy sutil. El juego ha llegado con pocos modos de juego, algo que ya reseñamos en el análisis, pero eso no es un inconveniente para el que está dispuesto a exprimir el juego. Completar las microhistorias que trae o el modo Supervivencia no es lo que le hacen a uno mejor jugador, ni tampoco lo harían el modo Historia o los desafíos cuando lleguen. Lo que te convierte en alguien que domina este juego es conocer a fondo un personaje, ver el alcance de sus ataques, tener recursos para contraatacar, medir los tiempos… Para ello, hay que ver vídeos en los que aprender cómo juegan los mejores, y después entrenar y entrenar. Y ahí, en el modo Entrenamiento, sí que brilla gracias a su gran número de configuraciones posibles.

Es por esto que yo, tras el entrenamiento en mi Cámara del Tiempo Hiperbólica particular, volví decidido a por ese combate en la ronda 27. Cuando llegué, descubrí que el progreso es un capón, o una patada bien dada en un sitio que el rival deja al descubierto. Es ese golpe que le rompe la defensa y te permite encadenar un combo maravilloso. En realidad no es el capón en sí, el progreso ha sido todo ese tiempo que has dedicado a entrenar y que te ha hecho darte cuenta de sus debilidades… y de convertir las tuyas en fortalezas.

Como podéis suponer, en ese momento mi poder erá más de 9.000 y le di tal paliza al Ciclón Rojo que no le reconoció ni su Madre Rusia. Después seguí avanzando y conseguí completar el modo hasta el final. Aquello fue para enmarcar, me sentía como el héroe que ha superado los obstáculos tras verse derrotado, pero se sobrepone a ello y vuelve más fuerte que nunca, como un saiyan, por seguir con el símil. Pero eso era solo el nivel normal, así que todavía me queda mucho progreso, es decir, aprender a dar muchos más capones, para dominar el nivel difícil y el infernal.

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