¿El tamaño importa?

No sé si será cosa de que los desarrolladores de videojuegos han tenido, sobre todo en el pasado, perfiles principalmente masculinos; pero el caso es que en este sector siempre se ha vivido bastante obsesionado por el tamaño. Y no se trata de algo nuevo, ni mucho menos.

Cuando yo era un chaval, las revistas especializadas e incluso las propias compañías vivían pendientes de los megas que era capaz de alojar un cartucho. Una fiebre que pocos comprendíamos, pero que nos alucinaba. Tener más megas era sinónimo de ser mejor juego, simplemente por el hecho de que “cuanto más, mejor”. No siempre era así (de hecho, casi nunca), pero nosotros tan contentos.

Ahora en la actualidad, sucede parecido. No solo por el eterno complejo de los gráficos, una obsesión que posiblemente haya dañado a la industria más que cualquier otra cosa, sino por temas como los mapas. Últimamente no hemos parado de escuchar cosas como “más grande hasta la fecha” o “con unas dimensiones mayores que los dos primeros juntos”. Vale, ¿y qué?

Dos cosas. La primera: tener un mapa grande no es sinónimo de diversión. Uno se lo puede pasar mejor en un barrio con marcha de Tokio que recorriendo el estado entero de Texas. De poco sirve un título que ofrezca kilómetros y kilómetros de desierto si lo único que hacemos es cruzarlo en burro y ver de vez en cuando un cactus. Conducir de un lugar a otro solo es divertido si realmente hay una buena excusa para hacerlo.

Segunda, que un juego tenga un desarrollo abierto o tipo sandbox no quiere decir que dé libertad al jugador. No nos engañemos, cambiar de ropa al personaje es divertido, pero hacer misiones en un orden más o menos caprichoso, no es sinónimo de nada, salvo de que primero podemos elegir unos objetivos y luego otros. Para hablar de libertad, primero tendríamos que tener en cuenta las consecuencias. Es decir, que nuestras acciones cambiaran los acontecimientos y el desarrollo de una aventura. Pero es algo que pocos títulos se han atrevido a tratar, y siempre de forma cautelosa y relativa.

Teniendo en cuenta todo esto, me gustaría pensar que en esta nueva generación van a cambiar las cosas. Ojalá los desarrolladores no se preocupen tanto por el tamaño, y sí por cómo usar sus herramientas creativas. Al fin y al cabo poco importa lo grande que sea dónde estamos, sino lo que hacemos allí, y lo divertido y original que resulta.
 

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