El verdadero héroe

– ¿Por qué lloras Subotai? 

– Él es Conan El Bárbaro. Él no llorará. Yo lloro por él

Subotai, la voz que narra la aventura del cimmerio, es un secundario que sopla su historia en nuestros oídos para hacerla todavía más grande. Un personaje pequeño de tamaño y enorme en nuestros corazones, tan feo como Slot de los Goonies, tan mago como el Doctor Extraño y que trae a nuestro héroe de las garras de la muerte como Travolta hizo con Uma en Pulp Fiction

Y es que pistoleros, asesinos y espadachines hay muchos, pero no hay nada como una narración coral o un buen secundario para hacer que una aventura de medio pelo nos ponga más a tope que una tarima a una pokera de la MTV.

Los hay raros y que van por libre, como Bruce Willis, pero al final hasta a un llanero solitario como John McClane le vino bien Samuel L. Jackson.

Los videojuegos tienen ejemplos desde el principio, desde sus inicios, desde que el cuadrado se alineó con la ele en Tetris, desde que Donkey Kong convirtió en protagonista a Mario, desde que los asteroides se hicieron más famosos que la nave espacial.

Un niño con cuernos solo en un castillo cobró sentido al coger una mano en Ico. Un jinete que busca la salvación de su princesa guiado por el fulgor de su espada nos enamoró no por su valor, sino por los colosos a los que se enfrentó. Y, sin duda, una heroína silenciosa cogió valor para avanzar entre portales porque un robot parlanchín no dejaba de amedrentarla.

Los hay duros, muy duros, lobos solitarios, samurais errantes… Ronin. Pero hasta Max Payne se sacrificó por una mujer que apenas conocía entre las favelas, Nathan Drake lo daría todo por Sully y Kratos revolvió el Olimpo por su hermano. Hasta las personas que caminaban solas finalmente buscan compañía, algo que parecía imposible con Isaac Clarke y, mira por donde, el caza-necromorfos ahora dispara en pareja.

¿Mi ejemplo favorito? Una escafandra que se estremece, unas botas pesadas difíciles de mover, un guante impermeable que apesta a óxido y una mano de niña que se acerca y que solo alcanza a pillar un enorme dedo. Big Daddy y Little Sister. Ambos eran secundarios e irremediablemente terminaron siendo protagonistas.

Así que a la vista de tantos ejemplos no se despisten caballeros, estén atentas señoritas, no sufran al ver sufrir al aventurero, no se enamoren de la protagonista. No se duerman en el taxi y viajen observando por la ventana. No dejen cofre sin registrar, habitación sin observar, galaxia sin explorar ni se confíen antes de que en la pantalla ponga «game over» porque, queridos amigos, el verdadero héroe se esconde en segundo plano.

Ya lo dijo Miranda hablando de Shepard en Mass Effect: «A él lo seguirán, es un héroe, un maldito icono, pero al final solo es un hombre».

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