¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es un género sobreexplotado?

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es un género sobreexplotado?

Si nos remontamos a la época dorada de genios como John Ford o Sergio Leone, seremos testigos de los mejores exponentes de la increíble andadura del western, un género que nos trasladaba a un mundo en el que nativos americanos, cowboys, sheriffs y bandidos pugnaban por el control de los territorios norteamericanos en el siglo XIX. Este género, que cuenta en su haber con cintas de tal calado como La diligencia, Por un puñado de dólares, o El bueno, el feo, y el malo, no tardó en entrar en decadencia tras una supremacía abrumadora, siendo reducido hoy en día, al menos en España, a la programación de tan escasa audiencia como es la sobremesa.

Pues bien, en la actualidad ha surgido un género con unos inicios comparables a los del western, que, como consiguió éste en su momento, está dominando el panorama cinematográfico trasladándonos a mundos pertenecientes no tanto a la historia como a la fantasía. Estoy hablando del género de superhéroes, con adalides en las productoras cinematográficas de Marvel y DC Comics, los dos titanes del mundo de los cómics. Estas películas se están multiplicando desde la explosión del género a principios de siglo, y a día de hoy, en 2016, componen uno de los géneros más predominantes del panorama fílmico convencional.

Pero basta de historia, porque “es la hora de las tortas”. Si analizamos fríamente el ascenso que están teniendo estos personajes en la cultura actual, nos daremos cuenta de cómo han invadido absolutamente todos los aspectos de la vida popular. Si echamos un vistazo al calendario de estrenos, ahí están Deadpool, Batman V Superman, Civil War, Escuadrón Suicida, y mil cintas más que serán estrenadas de aquí a 2020.

La explicación de este fenómeno es muy sencilla. Los superhéroes en cine no son sino adaptaciones de historias plasmadas en cómics, lo cual supone: que los personajes no requieren de ningún esfuerzo de desarrollo por parte de guionistas. Que las historias están ahí y sólo necesitan ser adaptadas. Que el espectador medio aceptará estas historias porque son entretenidas y poco exigentes, mientras que el aficionado a los cómics las consumirá, bien porque es un entusiasta indómito de esos personajes, bien para salir echando pestes sobre cómo se ha destrozado a su personaje. Es una situación de ganancia total y pérdidas muy escasas, algo ideal en esta época de creatividad limitada.

Porque reconozcámoslo, cada vez es más fácil encontrar remakes que hacer u ojear cómics en busca del siguiente gran éxito del verano, o al menos mucho más fácil que comprar una idea novedosa y arriesgada que puede gustar o no. Pero, ¿cuál es la consecuencia de esto? Primero, que la crítica destroza estas películas y nunca conseguirán un reconocimiento más allá del éxito económico, que por desgracia hoy en día es lo único buscado. Segundo, y más importante, que un género tan poco extensible a nivel argumental como el de superhéroes no es una fuente renovable de cine. Me explicaré.

Si vamos al cine y vemos Los Vengadores, puede que nos encante. Tiene un buen reparto, efectos visuales excelentes, dosis de humor, acción, es la perfecta película para olvidarlo todo durante dos horas. Poco después, iremos a ver Capitán América: Civil War, que nos parecerá también correcta, pero sacaremos parecidos y tendremos un curioso sentimiento de “déjà vu”. No hace falta que diga lo que va a pasar cuando veamos una película de la Liga de la Justicia o nos enfrentemos a la saga del Infinito de Marvel. En una palabra: agotamiento. Agotamiento del espectador, de los críticos, e incluso de los creadores.

Y es que Steven Spielberg tiene razón, se está exprimiendo tanto en tan poco tiempo el género de superhéroes, que es física y económicamente imposible que se mantenga el ritmo, inevitablemente secándose y marchitándose, en una tendencia similar a la que experimentó el western, como decía al comienzo de esta columna.

¿La solución? Puede que no la tenga, y los superhéroes estén condenados a volver a ser relevados por los géneros mayoritarios, pero podría existir una medida paliativa. Y no sería otra que la dosificación. De esta manera, en lugar de estrenar decenas de películas del mismo estilo en el período de cuatro o cinco años, se podría extender la línea temporal y alternar con estrenos de corte más innovador y refrescante, o incluso cediendo licencias a estudios menores para dar nuevos puntos de vista. Pero por desgracia, el largo plazo importa poco en una industria tan efímera como es el cine, y cualquier modelo es susceptible de ser exprimido lo máximo posible en el menor tiempo posible. Las vacas flacas de los superhéroes llegarán antes de lo que esperamos, así que disfruta el género mientras puedas si eres fan.

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