¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es un juego corto o un DLC?

La primera, en la frente: no me gustan los juegos cortos. Antes de que me miréis como si fuera un molesto insecto en la época en la que los títulos de menos de 10 horas de duración triunfan, una pincelada: no todos los juegos cortos son malos,y de hecho, los hay excelentes, pero es uno de los primeros parámetros en los que me fijo a la hora de plantearme comprar un videojuego.

 

Mi problema con este tipo de títulos de escasa duración, es que cuando son indies originales y trabajados, me parece un gustazo comprarlos, y cuando son títulos AAA, sin justificación para ese escaso tiempo, no me sale a cuenta por su precio, por muchos grandes gráficos que traigan. Porque la principal excusa que esgrimir a la hora de crear un videojuego de alto presupuesto con una duración corta, suele ser ese: había que administrar el dinero, y un aspecto gráfico impecable siempre vende más en este mercado. Se adivina y admito que adoro los juegos de rol, y que por tanto me encanta estar horas y horas descubriendo los entresijos de un universo inventado mientras contemplo a mis personajes crecer y hacerse más poderosos.

 

Aún con todos esos atenuantes, realmente me parece que la tendencia de los juegos a acortar su duración de manera dramática durante los últimos años es alarmante. ¿En qué momento empezó a parecernos bien que, con los recursos de hoy en día, un juego que no llega a las 10 horas de duración y que cuesta entre 50 y 70 euros sea algo aceptable? ¿Cuánto nos llena realmente una experiencia intensa que no nos dura ni un fin de semana y cuya rejugabilidad no nos planteamos?

 

Pero dejándonos de retórica y centrándonos en el título que en un alarde de originalidad me he sacado de la manga, vamos a un berenjenal aún más grande: los DLC. Los DLC son un tema polémico pero no complejo: nadie está de acuerdo con ellos, porque todos pensamos que nos venden juegos incompletos, pero todo el mundo los compra por diferentes motivos según la naturaleza del descargable, por lo que al final, nos quejamos con sumo gusto de que nos cobren 4 euros por las voces japonesas de Lightning Returns y nos lanzamos a los 15 euros del Left Behind de The Last of Us. Ojo, no hay comparación, pero son lo que son, extras, y unos preferián pagar uno, otros preferirán pagar el otro, y ambos se mirarán mal entre ellos.

 

Sin embargo, no he venido a hablar sólo de dinero. He venido a hablar sobre todo del tiempo, y del hecho de que mientras la polémica creada en torno a los DLC ha logrado que muchas compañías dediquen más recursos a crear mejores contenidos descargables para que compremos con agrado en orden de expandir nuestro juego favorito, esta cuestión no ha rebotado hasta los juegos principales, que siguen vendiendo a precios altos historias más dignas de un DLC que de un juego base.

 

Pongamos ejemplos, que es dónde esta la chicha, y dónde más podremos entrar todos a debatir. En un lado del ring, el muy esperado Metal Gear Solid V: Ground Zeroes, del que Kojima ha dejado muy claro en todo momento que constituye un prólogo del verdadero juego, Metal Gear Solid V, y que sin embargo valoró en 40 euros precio de salida para la nueva generación, 30 para PS3 y Xbox 360, y 20 en formato digital. Cuando empezaron a desvelarse detalles de avances y análisis, dónde se destacaba que la campaña difícilmente llegaba a las 3 horas de duración, nada que pudiera decir el genio japonés salvaría ya un juego que los fanáticos comprarán, pero con recelo. ¿Y por dónde ha pasado la solución? Por un recorte de 10 euros en el precio de las ediciones de PS4 y Xbox One, y así de paso se fomenta el camino de las nuevas consolas. 

 

En el lado de los DLC, por seguir con ejemplos sonados, hablemos de Panteón Marino, la historia alternativa del universo de Bioshock Infinite en dos partes, con una duración final de entre 6 y 8 horas, y un precio final de 30 euros, 20 si contamos con pase de temporada. Panteón Marino ha conseguido posicionarse como uno de esos contenidos adicionales que, pese al paso del tiempo desde el lanzamiento de Infinite, ha logrado que el juego siga en alza, pues pocos son los sitios que no hayan analizado o prestado especial interés ante esta nueva historia localizada en la mitica Rapture. A la polémica de pagar 15 euros por el contenido también, por supuesto, porque es un DLC, aunque las diferencias con otros juegos o contenidos similares se encuentran con suma facilidad.

Otro ejemplo relacionado, es el de Grito de Libertad. El originalmente planteado como descargable de Assassin's Creed IV: Black Flag, se anunció y mostró un tráiler antes incluso de que su juego base llegara a las tiendas, y hubo gente que mostró más interés por la historia de Adewale que por la de Edward Kenway. El tiempo le ha dado la razón a los susodichos y un empujón a Ubisoft, que anunció a bombo y platillo las buenas nuevas: Grito de Libertad empezaría a venderse en formato digital como un juego único, sin necesidad de tener el último Assassin's Creed para poder jugarlo, y al precio de 10 euros por, aproximadamente, 6 horas de campaña sin contar secundarias y extras.

 

Así que me pregunto: ¿es realmente tan complicado encontrar un equilibrio entre duración, calidad y precio? Los DLCs son una realidad de la industria en la actualidad, y aunque son cada vez más en número, y algunos realmente injustificados, también los hay que valen verdaderamente la pena para muchos usuarios, como demuestra lo fructíferos que están resultando. Pero los DLC están mal planteados: no deberían servir para facilitarnos el juego o contarnos cosas que el juego debería haber hecho, sino para darle un soplo de aire fresco al título en cuestión.

 

Los juegos, por otro lado, se mueven entre la genialidad y el mal hacer, y a veces hasta se nos hace difícil discernir si quedan juegos de estatus “normalito”. Si Battlefield 4 hubiera ahorrado los recursos destinados a su superflua y breve campaña y los hubiera destinado al modo multijugador y a la estabilidad del juego, como ha hecho Titanfall, ¿habríamos recibido un título menos accidentado? Al fin y al cabo, nadie compra un Battlefield o un Call of Duty pensando en que va a disfrutar de la historia de su vida en lo referente a videojuegos. Puede ser entretenida de superar, pero una vez lista, todo el mundo enfila al multijugador, que es dónde radica su verdadero encanto, pudiéndose ahorrar muchos gastos. Retrotrayéndonos a Metal Gear Solid, ¿habría sido menos criticado si le hubieran puesto un precio más bajo de manera inicial? ¿O incluso adoptando otra fórmula como la de los juegos episódicos?

 

¿Vosotros qué pensáis?

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