Escuchando a los mayores

 

Hace una semana se llevó a cabo en el Matadero de Madrid el evento anual llamado RetroMadrid. Ya sabéis, una cita con el mundo de los videojuegos clásicos, sobre todo de ocho bits. A la cita no faltamos ninguno de los profesionales del sector ya entrados, unos más que otros, en años.

No me extenderé en qué tal estuvo la feria, porque nuestra compañera Claudia ya publicó un reportaje sobre la misma en esta página (lo podéis leer aquí). Pero lo que sí os diré es que uno de los temas de conversación más frecuentes durante los dos días que duró el evento fue el mismo: “antes las cosas eran mejores”.

Vale, eso no es del todo cierto. Antes los videojuegos no eran mejores ni peores, simplemente resultaban distintos. Y tampoco vamos a dejarnos llevar una vez más por nuestra pasión más nostálgica. Pero lo que es indudable es que hubo una época en este mundillo en la que, incluso a pesar de las limitaciones técnicas (o tal vez con motivo de estas, quién sabe), se le echaba mucha más imaginación.

Lo definió perfectamente un aficionado anónimo que se interesaba por un juego de Atari 2600 en la feria, a mi lado: “¡es increíble que simplemente pudieran programar para esta máquina!”. Sí, increíble… pero lo hacían. ¿Cómo? Con un derroche de creatividad enorme, y muchas ganas. Y lo mismo se puede decir de Spectrum, Commodore o Amiga.

No digo que a día de hoy las ganas falten (conozco a muchos profesionales y puedo asegurar que no), pero la creatividad… ah, amigos, ese es otro cantar. Falta, y bastante. Quizás en el mundo indie-descargable no, pero al fin y al cabo la relevancia de este dentro del sector no es tan significativa como podría. En el resto de los casos, en la primera división de los juegos comerciales, la originalidad brilla por su ausencia.

Esto no lo digo yo, que también, sino muchos de los viejos rockeros que lucían canas en el RetroMadrid. Expertos y mitómanos para los que Atari bien podría ser sinónimo de los Rolling Stones. Un gran número de estos veteranos de los videojuegos han renunciado a la industria moderna, prefiriendo vivir el recuerdo de una época dorada de píxeles, cintas y cartuchos, mientras se quejan de los excesos de tiros y de la secuelitis actual. Parte de razón llevan. Al fin y al cabo, como se suele decir, es bueno escuchar de vez en cuando a los mayores.

Aunque solo sea por su experiencia, de vez en cuando suelen tener razón. 

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