¿Existe el perfil del jugón homosexual?

¿Existe un perfil de jugador homosexual dentro de la industria? Parece ser que sí. Esto no es algo que digamos nosotros, sino que parece evidenciar la actualidad. Solo hace falta fijarse en el auge de algunas páginas webs sobre videojuegos con esta temática y noticias de última hora.

O mejor aún, en la recientemente anunciada feria enfocadas a gays, lesbianas, transexuales y bisexuales. Es decir, la Gaymercon. Un tema curioso, que también a vosotros, dado el volumen de comentarios que habéis hecho al respecto en la web, parece llamaros la atención.

La realidad es que este evento, que se celebrará en San Francisco (una de las ciudades más representativas y desarrolladas en este tema) ha logrado recaudar más de veinticinco mil dólares en tan solo unos días. Lo que nos parece dejar claro que que hay un público de videojuegos homosexual y con ganas de hacerse oír.

¿Qué quiere decir esto en realidad? En primer lugar, que los videojuegos son, poco a poco, un fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos, cada día más plural, abierta, liberal y variada. Ya lo comentábamos hace no mucho en una opinión sobre el supuesto sexismo del sector: afortunadamente las barreras se están derribando.

Esto no evita, no obstante, que la polémica esté servida. No tanto por el hecho de que se celebre una feria como esta (a estas alturas nadie debería molestarle algo así), sino por el siempre escabroso mundo de las etiquetas. En este sentido, el llamado orgullo gay busca su identidad, pero, ¿en qué consiste esto realmente? ¿Es esta la mejor forma de alcanzarla?

¿Existe –o existirá- un estilo de videojuegos pensado específicamente para este colectivo? Por todos es sabidos que ciertas temáticas de música o incluso cine han encontrado en gays y lesbianas un público fiel. ¿Pensarán las editoras de videojuegos al respecto? ¿Hay verdaderamente diferencias entre los gustos de homosexuales, heterosexuales, hombres y mujeres a la hora de jugar? ¿En qué sentidos?

Preguntas que, suponemos, el tiempo responderá. ¿Qué pensáis vosotros, socios?

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