Independencia dependiente

Tengo que empezar diciendo que me duele hablar del tema. Me molesta sobremanera porque he sido analista muchos años, y porque muchos a los que meto indirectamente en el ajo son amigos míos (o al menos tengo buena relación). Y cuando eres juez (y ahora lo soy porque soy libre y estoy criticando) y parte (porque aún me siento del gremio), es complicado mantener el equilibrio entre objetividad y el corporativismo mal entendido.

El caso es que, en líneas generales, el periodismo de videojuegos está en su peor momento. Y no voy a entrar en el profesionalismo y el “amateurismo” (eso otro día), que por la crisis ha hecho que el trabajo del analista de videojuegos sea más un hobby que una profesión; voy a centrarme en el contenido de los análisis, en la actitud ante la responsabilidad que es criticar los juegos. Y aunque soy consciente de que la línea editorial normalmente no la determina el redactor de turno, sí que hay cierto “vedetismo” en el sector (que bien entendido me gusta y aplaudo, pero ha derivado en muchos casos a la prostitución del trabajo en pos de un estrellato inmediato) y por ello no quiero eliminar la culpa de cualquiera que pone su firma al lado de un texto. Cada palo que aguante su vela si se da por aludido, y si no le gusta que cambie de profesión (o más fácil, que cierre esta ventana).

En la inmensa mayoría de las webs y en los análisis siempre me da la impresión de que a quien los escribe le debe dinero la compañía creadora del juego. Especialmente si es una franquicia molona que, por lo que sea, no ha evolucionado con la brillantez esperada (sin dejar de ser juegos buenos) o si es un juego de esos megahypeado. Cuanta más expectación, más se afila el cuchillo porque más te van a leer.

Yo recuerdo que antes llegaba un juego y lo comentaba quien más le gustaba de la redacción y quien a su vez, más experiencia tenía comentando juegos similares para tener un criterio más certero. Ahora da la impresión de que el objetivo es cargarse esas franquicias a la mínima, aupar a juegos de nicho para dárselas de gurú “filochinaka” y crear polémica para llenar de visitas tu análisis. La injusticia y las consecuencias económicas que puedas causar (que cada vez menos, pero algunas hay), son irrelevantes en la conciencia del crítico.

Obviamente nadie pide que se diga lo que no se piensa, pero sí que se piense lo que se dice. Y esto ocurre principalmente en las webs en las que las notas son las que mandan, en las que no se leen demasiado los textos y en los análisis se ve que se salta de la primera página a la última. Hay quien se jacta de estar alineado a Metacritic, y hay quien presume de ser el más malo del barrio y que escucha y recibe con algarabía las alabanzas de los trolls de los foros que disfrutan con análisis crueles y agresivos. Porque sí, porque los foros están eminentemente poblados por trolls que quieren ocultar su mediocridad en el día a día bajo un nick con personalidad agresiva y convertirse en alguien en un submundo ficticio. De hecho, siempre comparo a los foros con los MMOs… Son lugares donde día a día vas forjando tus puntos de experiencia y vuelves a ellos porque tienes que mantener tu “buen nombre”. Para muchos, los foros son como eran los chats de IRC hace años, su vida paralela, y pretenden ser líderes, generadores de opinión pero en lugar de ir por el camino largo (que precisa de cierto tiempo para que la gente te conozca y descubra tus cualidades, sapiencia e ingenio), deciden ir a lo rápido. Y no hay pasaporte a la fama en ese submundo más rápido que convertirse en un troll, y cuanto más calvo, gordo y malhumorado mejor.

Pero no hay que engañarse, el trolleo es una fuente de ingresos y “jefazos” de webs me lo han reconocido. Está claro que un foro activo y polémico hace que las visitas se repitan y que los datos en los motores de análisis crezcan y se convierta en un medio rentable (un impacto publicitario recibido múltiples veces aumenta no aritméticamente su efectividad, sino geométricamente). Y los foros son muy importantes para las webs a nivel números, aunque quizá no tanto a nivel “calidad” del visitante. Pero el señor de una agencia de medios no se para a analizar la calidad del visitante… Simplemente da a una tecla y le sale el número de visitas, y como mucho se para a ver el rango de edad. No les interesa si son “antitodo”, y por tanto impactos perdidos, o si se trata de gente que comenta con “sentido y sensibilidad” lo que lee. Y ese dato de visitas puede hacer que se contrate o no una campaña. En cambio, cuando las compañías de videojuegos somos las que decidimos, la cosa no la tienen tan fácil. Huimos del medio troll. No es todo impacto, también es importante el “mood” con el que se recibe, la actitud del receptor. Nos gusta que la gente reciba la información y luego busque e investigue y decida. No nos gusta el usuario que reciba lo que reciba, siempre va a tener una respuesta negativa para satisfacer su alma troll y engordar sus puntos de experiencia.

Me he cansado de contar que sé de webs que han modificado hasta en 15 puntos una nota tras ver los primeros análisis en Metacritic, y parece que el ser del rebaño, el estar alineado con esta media artificial (porque ni es aritmética ni es universal) es uno de los grandes objetivos. Da miedo atreverse a ser independientes. Da pánico el sobresalir, pero cuando ya se atisban unas notas de medios “reputados” (me río yo de la reputación de esos medios, en los que las vendettas por exclusivas ajenas son el pan de cada día), ya todo se permite, y si la nota es negativa, empieza el concurso de “a ver quién la tiene más gorda”. Afortunadamente los usuarios y visitantes “normales” van madurado lento pero seguro. Puede ser rentable, es un negocio y se vive de la publicidad, pero creo que la gente no es tonta y está empezando a olerse el gato encerrado que hay detrás de todo esto. Y no hay peor cosa que le pueda pasar a un medio de esta índole que la desconfianza. La desconfianza es irrecuperable. Como os digo, los usuarios no son tontos, y si descubren que lo que se dice no es como es, lo denuncian a sus iguales y se cabrean. Hasta he visto cómo se ensañaban con analistas, totalmente indignados con el trato con uno u otro juego a todas luces injusto. ¿No os habéis dado cuenta de que cada vez son más los ataques, justificados o no, a los redactores en los comentarios bajo sus artículos?

Podría poner mil ejemplos, pero prefiero que cada uno de vosotros piense en ese juego denostado por la crítica y al que le disteis una oportunidad y os devolvió el dinero invertido con creces. Tened siempre presente que las notas son tan subjetivas como esta opinión que estáis leyendo. Seguramente otro con mis mismas vivencias piensa lo contrario de lo que estoy diciendo y no por ello es mentira lo suyo… o lo mío. Es su interpretación de la realidad, y es tan discutible como respetable. La nota no es más que una experiencia subjetiva de una persona con un juego, viva en Nueva York, en Santander o en Berlín, en un tiempo y momento concreto. Y aunque sea una opinión mayoritaria, sigue siendo subjetiva porque una gran parte de esas opiniones están condicionadas por una de esas webs mesiánicas (curiosamente algunos suelen ser los mismos que niegan esas influencias 🙂 ). En este caso la objetividad no es como ocurre en el arte, que expertos coincidan no garantiza por desgracia nada. En el arte, una obra se considera como tal cuando una mayoría de expertos coinciden en otorgarle esa categoría. En los videojuegos a veces es así, pero muchas otras veces no.

Respeto como el que más a mis colegas, y sé que en un mundo como el actual es IMPOSIBLE no estar expuesto a las influencias externas. Si el medio más influyente dice que un juego es bueno y para ti es malo, al menos te hace pensar si se te ha pasado algo. Yo no pido locos que vayan contra el mundo, porque si siempre estás solo en tu opinión es que algo te pasa, pero sí que me gustaría ver valientes capaces de defender sus ideas iniciales contra la opinión general. Valientes que se atrevan a ir contracorriente cuando crean firmemente que tienen razón en base a argumentos sólidos, aunque la web de marras diga lo opuesto. He sido el primero que me he equivocado puntuando juegos (generalmente otorgando demasiada nota) dejándome llevar por mi afición irracional a determinados géneros o franquicias y mi subjetividad. Pero aún así, la nota que ponía era verdadera, reflejaba mi ilusión por ese juego, estaba llena de sinceridad (aunque pueda estar equivocado porque es, como digo, una opinión mía en un momento dado) y tenía la garantía de mi experiencia dándole al joystick desde aquellos ya lejanos 80s.

Leer otras críticas puede ayudar a ver virtudes que quizá no has sabido apreciar, o a descubrir defectos, pero que esas cosas no determinen ni condicionen jamás tu opinión en origen. El enfrentarte al juego primero sin prejuicios ni ideas preconcebidas debe ser siempre la base de un análisis y tu primer paso. Tu criterio y tu experiencia ponen el resto, que para eso te pagan (si es que lo hacen, que esa es otra) y para eso tus lectores se fían de lo que les dices. Solo la independencia es el camino. Y muchos creen que la independencia es ser asépticos a la influencia y presión de las compañías, que también. A día de hoy, la independencia de la prensa es básicamente ser aséptico a otra prensa. La independencia es enfrentarse desnudo a un juego (no literalmente ;-P). Independencia es partir de un 100, e ir descontando, no partir de 0 e ir ganando puntos casi por misericordia en plan castigador. Se trata de amar los juegos, no de odiarlos. Se trata de ofrecer al potencial comprador una experiencia, contarle sensaciones; no se trata de escudriñar el juego para descubrir aquél bug irrelevante y convertirlo en la razón última de una nota. Y podríamos hablar de FPS y demás chorradas que han inundado los foros últimamente. Pero eso otro día, que ahora me toca ser víctima de trolls (o no trolls) que analizarán los pasajes oscuros de este texto en lugar de centrarse en la idea que defiendo: la independencia frente a la dependencia de algunos medios respecto a sus iguales. No se trata de señalar culpables que seguramente ni ellos mismos se identifican como tal, sino de mirarse al ombligo y tratar de evolucionar al pasado, involucionar a aquella maravillosa época cuando los juegos eran solamente eso, juegos; y los redactores solamente eso, redactores.


José Luis del Carpio “The Scope” (Product Manager y ex periodista de videojuegos viejuno)
Twitter: @AuMpF

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