Jar Jar, todos te odian menos yo

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, George Lucas decidió escribir un guión acerca de guerreros espaciales que luchaban con sables láser y utilizaban un poder casi mágico llamado “Fuerza”, esgrimida tanto desde el bien como desde el mal. Era una historia de Rebeldes derrocando Imperios que nos invitaba a un viaje por toda una galaxia.

Con esta premisa, es natural que Star Wars conmoviera al público entre 1977 y 1983, con una trilogía que se ha quedado marcada en los corazones de los fanáticos de la ciencia ficción y de las buenas historias en general. Sin embargo el viaje no acabó ahí, ni mucho menos.

Y es que el ya archiconocido Lucas volvió a aquella saga, pero no continuando la historia, sino creando una nueva trilogía que daba sentido a muchas de las incógnitas que habían surgido de aquellas películas. 1999 fue el año elegido para estrenar La Amenaza Fantasma, ahora situada como el episodio I de Star Wars, y que sería seguida de El Ataque de los Clones en 2002 y La Venganza de los Sith en 2005, cerrando un nuevo círculo y atando tantísimos cabos.

Sin embargo, hubo un gran problema: una gran cantidad de fans de Star Wars le dieron una mala acogida a esta trilogía de precuelas, por diversas razones que a día de hoy, estrenada Star Wars VII: El Despertar de la Fuerza, aún se siguen argumentando, y me gustaría plantear una defensa por cada una de ellas. Si bien no soy capaz de alegar que sean mejores que cualquier otra película de la saga, y entiendo que se quedan cortas  a la hora de llegar a la calidad general de, por ejemplo, El Imperio Contraataca, si creo que han sido tratadas con mucha injusticia, bien por haber sido malinterpretadas o por una extraña e injusta sensación de que George Lucas nos debía algo diferente. Pero no adelantemos acontecimientos.

La base de mi defensa es la siguiente: soy un fan de Star Wars, y muy orgulloso de ello. Tanto es así, que no haré distinciones en cuanto a lo que se refiere la calidad de las películas. Y esto se debe a que hace mucho que dejé de considerarlas como tal, para verlas más como una simple ventana a uno de los universos más ricos que han sido creados en el mundo de la ficción escrita o cinematográfica, sólo junto con El Señor de los Anillos y otros elegidos.

Dicho esto, analicemos de manera objetiva por qué estas precuelas “son tan malas”. A nivel argumental, si nos fijamos en La Amenaza Fantasma, por ejemplo, es obvio que encontraremos toda clase de agujeros, por ejemplo en cuanto a las circunstancias que hacen que la nave de los protagonistas aterrice en Tattooine o Qui-Gon Jinn conozca a Anakin Skywalker, dentro de una trama que pasa desapercibida, pues la razón final es que conozcamos al futuro Darth Vader. ¿No debería ésta se razón suficiente para disfrutar de estas precuelas a pies juntillas? En fin, estamos observando la caída hacia el lado oscuro de Anakin, que si bien es interpretado por un Hayden Christensen bastante limitado en su registro y se trata de un personaje algo falto de desarrollo, está apoyado por otros actores de gran calado, como Christopher Lee o Ewan McGregor.

Y hablando de personajes, centrémonos en los villanos. Si bien Darth Vader es, con mucho, el antagonista más carismático que ha visto el cine en mucho tiempo, las precuelas suplen su ausencia con enemigos de la talla de Darth Maul, Jango Fett y el General Grievous, unidos bajo el Conde Dooku, y que aportan color a esa paleta tan rica que es el universo de Star Wars.

El argumento consiguiente es obvio; Jar Jar Binks. Concebido a lo largo de la historia como una de las peores decisiones de George Lucas, incluso se han creado teorías sobre su pertenencia al lado oscuro para justificar su presencia y hacerla más soportable. Sin embargo, yo pregunto: ¿tan horrible es? Al fin y al cabo no es más que un personaje secundario que nos da momentos cómicos para liberar la carga de una trama política, y nos hace recordar que personajes como C-3PO o los Ewok tienen cabida en Star Wars.

Como ya he dicho, no soy ciego, y me gustaría pensar que tengo los suficientes conocimientos sobre cine como para darme cuenta de cuándo una película, o una trilogía en este caso, carece de la calidad necesaria para pasar un control mínimo de calidad. Sin duda, todos tenemos opiniones sobre cómo se deberían haber hecho estas precuelas, pero no todos somos George Lucas, y como fan incondicional, me veo en la obligación de agradecerle su esfuerzo, especialmente cuando el resultado no es ni mucho menos motivo de la crítica casi cruel que ha sufrido.

Para terminar, tengo una pregunta para los “fans” que tanto odian las precuelas: ¿Te ha gustado El Despertar de la Fuerza? 

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