Jugando por fascículos

God of War introdujo muchas cosas en el mundo de los videojuegos. La primera aventura de Kratos, la original, supuso un referente en cuanto a ritmo, espectacularidad o fusión de estilos. Pero también trajo consigo, por desgracia, una incómoda característica de la que muchos juegos se han adueñado: los finales incompletos. O, dicho de otra manera: el desagradable “continuará”.

Señores de la industria: un videojuego no es, o no debería de ser, igual que una serie de televisión o un cómic de Marvel. Bien está -siendo tolerantes- que las secuelas sean algo cada vez más frecuente dentro del sector, pero lo que sí molesta bastante es pagar por historias que, sí o sí, no dejan de estar inacabadas.

En primer lugar, y a diferencia de lo que podría ser un programa de televisión, los videojuegos tardan años en salir (uno, en el mejor de los casos). Esto conlleva que, muchas veces, cuando uno vuelve a ponerse con la nueva entrega de turno, los detalles queden ya bastante lejos de su memoria. ¿Será mejor acaso esperar a comprarse todos los Assassin’s Creed de la generación del tirón? Además, ¿cómo comparar una película, incluso, con un videojuego? ¿Es posible que en las diez, veinte, o treinta horas que estos pueden durar un guionista no sea capaz de empezar y terminar una historia?

Porque claro, estamos dando por hecho que un título con final inacabado (que no abierto, eso es otra cosa), nos va a gustar. Pero, ¿qué ocurre si no es así? En mi caso, sin ir más lejos, jugué hace no demasiado a White Knight Chronicles, un entretenido aunque genérico y previsible título de rol exclusivo para PlayStation 3. No desvelo demasiado si digo que el juego se acaba así por las buenas, diciendo adiós hasta su secuela, pero a decir verdad no es una aventura que me atrapara demasiado. ¿Estoy acaso igualmente condenado a pagar otros sesenta euros solamente por saber cómo acaba la cosa?

Y aún existe un caso peor: los títulos que terminan con el dichoso “continuará” y que ni siquiera llegan a tener segunda parte. Que son varios ya, desgraciadamente. ¿Veremos algún día el Purgatorio de Dante’s Inferno o nos quedaremos realmente en un Limbo eterno sin saber qué es lo que pasa? Vaya usted a saber…

En definitiva, está claro que las compañías invierten millonadas en desarrollar nuevas franquicias, y que luego hay que amortizar esas apuestas originales, pero ojalá lo hagan atrapando a la gente con productos de calidad y buenas historias, no a base de dejarnos “con la miel en los labios” hasta la siguiente entrega.

Nunca me han gustado las colecciones por fascículos, y menos aún las que no avisan.


 

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