La censura siempre llama dos veces

La censura siempre llama dos veces

Uno de los conceptos que involucra la palabra “arte” es la posibilidad del artista en cuestión de ejercer su completa libertad a la hora de crear. ¿Se trata de una verdadera libertad? Muchos dirían que no, puesto que siempre aparecerán colectivos e instituciones en desacuerdo con aquello que su arte representa, intentando eliminar esa molestia de su vista, en base a lo que ellos consideran inadecuado. Así es como surge la censura.

La censura surgió, o al menos se documentó por primera vez en la antigua Roma, donde los llamados censores debían supervisar la forma de comportarse que tenía el pueblo y llamar su atención sobre aquellas conductas que, en concordancia con lso valores del momento, podían considerarse inadecuadas. Casi 3.000 años después, en la actualidad, la censura sigue muy presente en la vida cultural y del arte, especialmente en el mundo de los videojuegos, donde muchos contenidos son censurados periódicamente, especialmente en cuanto a la sexualidad.

La sexualidad es un componente esencial de la vida, no tanto social como biológicamente hablando, pues en ella se basa nuestra supervivencia y la de cualquier ser vivo. Partiendo de esta base, ¿por qué se busca eliminarla de manera sistemática? ¿Hemos heredado valores arcaicos de épocas más oscuras? En cierta medida la respuesta es sí, pero el tema es mucho más profundo de lo que pudiera parecer. Que quede claro desde un principio que no estoy haciendo apología de la excesiva sexualización de los personajes, especialmente femeninos, en los videojuegos, pues éste es un auténtico problema del que no conseguimos librarnos. Estoy hablando de cómo el sexo se ha eliminado de la ecuación, lo cual resulta en problemas sociales mucho mayores a largo plazo.

Hemos de tener varios factores en cuenta a la hora de tomar un posicionamiento al respecto, y uno de los esenciales es el público. Obviamente no es apropiado que ciertos colectivos, como el público infantil, sean testigo de conductas abiertamente sexuales en el entretenimiento digital, pues estaríamos hablando de pornografía abierta al gran público. Sin embargo, la censura no debería ser la solución a un problema mucho mayor, que es la absoluta ignorancia ante el sistema de rating, ya nos enfrentamos al sistema PEGI o al ESRB. Dichas calificaciones existen para avisar al consumidor de videojuegos de los contenidos que existen dentro del título en cuestión, y evitar que, por ejemplo, un menor de edad se enfrente a contenidos inapropiados.

Sin embargo, la tendencia más extendida es que padres e hijos por igual ignoren ese número que aparece en la portada del juego, dando como resultado un público infantil que juega sin impunidad a títulos que contienen violencia y podrían contener fuerte sexualidad, pero no la contienen porque ha sido censurada previamente, a sabiendas de que esto es exactamente lo que va a ocurrir. Y, ¿quién es el mayor perjuidcado en este aspecto? No somos los jugadores adultos, ni mucho menos, porque el contenido erótico de un videojuego nunca ha sido una vara de medir en cuanto a su calidad. No, de hecho el gran damnificado es el creador del videojuego, que lo concibe de una manera concreta, pero la industria le recuerda muy claramente que el contenido explícito le puede buscar problemas con el público, viendo su obra mutilada.

Un público que está polemizando sobre su hijo menor, que está sufriendo una "pérdida de la inocencia" por contenidos sexuales, sin pararse a pensar quién ha autorizado al niño a adquirir ese título. En absoluto estoy depositando toda la responsabilidad de este problema sobre los hombros de los tutores de los jugadores menores de edad, puesto que este problema requiere una solución conjunta entre desarrolladores, distribuidores y consumidores.

Sinceramente, me entristece pensar cómo un juego puede sufrir recortes y ser perjudicado en muchos aspectos de marketing, sólo por el hecho de que su guionista había previsto una escena de relaciones sexuales entre los personajes principales, de manera justificada para el argumento. Creo que somos suficientemente mayorcitos como para saber que la censura sólo es una solución a medias de un problema mucho mayor, que es el sesgo del arte. Y eso no es lo peor, puesto que si permitimos que la censura recobre vida, la industria de los videojuegos podría sufrir uno de los mayores reveses de su historia, según los valores se vayan adaptando a lo que parece “inadecuado”.

¿Resulta más sencillo agujerear los cuadros que nos parecen obscenos que no permitir que el público protegido entre a la exposición? Sí. Pero agujerear cuadros es un crimen contra el arte. Y la última vez que lo comprobé, los videojuegos eran un arte.

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