La era del VHSX

En la era del VHS (la de la cinta de vídeo de verdad, graciosetes, no la de la Xbox One), los clásicos Disney estaban emperrados en que todos nos metiéramos a la facultad de derecho. Recordaréis seguro ese mal endémico, además de los anuncios para que nos hiciéramos con más clásicos Disney, que decía con voz engolada de doblador: «esta grabación está protegida por la ley. Los titulares del copyright sólo autorizan su distribución para su uso doméstico, y su exhibición en un magnetoscopio que no esté conectado a una red de difusión de cualquier tipo. Quienes reproduzcan, plagien y/o comuniquen públicamente la totalidad o parte de su contenido sin la autorización expresa de su titular, incurrirán en un delito castigado con penas de hasta 6 años de prisión, y con multas de hasta 10 millones de pesetas.» Seguro que podríais citar el mantra de memoria sin tener que leerlo.

Los tiempos evolucionaron y llegó el DVD-Blu Ray y los anuncios previos a que pudiéramos disfrutar de la película eran tan paradójicos que podrían crear un desgarro dimensional en el especio-tiempo que acabara con la humanidad. ¿Tenía sentido llamar ladrones a los piratas en un DVD que habíamos comprado? El remate venía con aquello de «Ahora la ley actúa» a lo que siempre alguien respondía como si de una misa se tratase «antes no».

Permitiéndonos muchas licencias, se dirá que después de este repaso de cacharros nos veríamos inmersos en eso que se llama «formato digital». Y que toda esta paranoia, o espacio de reflexión de los lunes con servidor, viene por culpa de la reciente presentación de Xbox One.

Las dos cosas fundamentales que se criticaron de la presentación e informaciones posteriores fueron, y podéis aplicar la propiedad conmutativa:

  1. Que la consola se centrara en hablar de los servicios multimedia en lugar de en videojuegos.
  2. La polémica con la política de segunda mano de Xbox One (si os lo perdisteis, el debate estaba incendiado en este enlace, no me detengo de nuevo).

Y ahora servidor va a expresar algo con lo que cuando luego dice «¿a alguien le apetece quedar a tomar una cerveza?» a todo el mundo le surge un compromiso inesperado porque nadie me ajunta ya.

  1. Que las consolas pasen a ser centros multimedia es una ambición histórica que ya viene desde los primeros colonos: esto es, la conquista del salvaje oeste… digo del salvaje salón de estar. La tecnología tiende a que desde un único dispositivo, que sea lo más accesible a todo el mundo, podamos jugar, ver películas, escuchar música, acceder a Internet… si no me creéis preguntadle a unas tal «Smart TV». Lo que viene siendo meter un PC en el salón pero sin hacer que todos parezcamos sacados de The Big Bang Theory. Cabrearse por eso es un sin sentido tan grande como enfadarnos porque nuestro ordenador pueda reproducir películas.
  2. Y ahora es cuando saco el escudo y me voy equipando pociones de salud: la segunda mano y no digamos ya la piratería, son un tema de discutible legalidad (aquí la Ley de Propiedad Intelectual, para los interesados) e innegociable inmoralidad. Nótese que no se quiere ser hipócrita pues servidor es de los primeros en gritar, «¡Al abordaje!». 

Debéis recordar que los autores tienen derecho a comer, lo que no implica que tengan derecho a empacharse. La fórmula debe cambiar por ambas partes implicadas, productores y público.

Con la segunda mano y el intercambio entre usuarios, los creadores se quedan sin poder llevarse pastel a la boca (que ganan otros). Pero el cambio a un mundo digital (será total en un futuro cercano pues desaparecen los costes de distribución) debe llevar a otro: el cambio en el precio y la forma de acceso.

Lo curioso es que cine y videojuegos se han vuelto a poner de acuerdo en la senda a seguir: la tarifa plana de contenidos, ejemplificada en Netflix en cine (otro día puede que os cuente la historia para no dormir de porqué este modelo se resiste a instaurarse en España) o en PlayStation Plus en consola; o las ofertas relámpago de la «llena eres de gracia» Steam.

Y todo esto sin contar con el auge y masificación de los free-to-play para los que no quieran o no puedan gastarse un duro.

Así pues, el que no juega es porque no quiere y el que se enfada debe salir de un medievo tenebroso para entrar en la era de felizonia o de Aquarius, la cual regento.

Puede que haya visto demasiados VHS de Disney…

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