La fina línea que separa a las consolas, Mickey Mouse y un ataque nuclear

 

 
Ante todo, mucha calma, amigos. En serio, no queremos preocuparos, de verdad. Es solo que, en fin, si recordáis a ese vecinito con el que jugábais de pequeños al Mickey Mania o al Castle of Illusion en una Mega Drive o una MasterSystem, bueno, no estaría de más ir con ojo porque, ya se sabe, quién dice que en estos momentos no tiene en su garaje… a saber… una bomba de hidrógeno dispuesta a ser usada. Puede pasar. Y con semejantes influencias, más aún.
 
Parafraseando a Howard Wolowitz en un capítulo de The Big Bang Theory, hay gente que está “a un accidente de laboratorio de convertirse en supervillano”. Por otro lado, los hay que solo están a una partida a la consola. Y la incómoda verdad que destapa el diario El País es que Kim Jong-Un tiene muchas a sus espaldas. En un reciente artículo señalan que es, ante todo y en primera línea, aficionado a ¡oh, la catástrofe! los videojuegos, origen y génesis, como bien sabéis ya, de todos los males de la humanidad habidos y por haber. Y de los males de esos males. Pero el perfil de Kim Jong-Un tiene otra particularidad. Es un gran fan de Mickey Mouse. Terroríficamente irónico, lo sabemos. 
 
“La pasión por la consola y los dibujos animados, en especial el ratón Mickey, es lo que han destacado los compañeros del estudiante norcoreano que se hacía pasar en Suiza por hijo de un diplomático y resultó ser Kim Jong-Un”. Ciertamente, para qué destacar más porque “si ocurre un accidente o la gerontocracia le tiende una trampa, tal vez el Brillante Camarada, como le llama la prensa oficial, comprenda demasiado tarde la diferencia entre la consola y la realidad”. O puede que entre en razón cuando intente grabar partida y no pueda, quien sabe. Nadie conoce a ciencia cierta cómo funciona la mente de esos aficionados a lo que llaman “consola”.
 
Así que, amigos, id con mil ojos porque cualquier desconocido podría ser un jugador de consolas que en el futuro tenga el potencial de lanzar un ataque nuclear a gran escala. Vosotros mismos podríais serlo. Pero quien nos preocupa en la redacción es el vecino del quinto, gran aficionado al parchís, al que esquivamos por miedo a que un día de estos se nos cruce, nos coma y se cuente veinte. Podría pasar, esperad un editorial al respecto. 

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