La guerra del CGI

El primero de los spin-off de Star Wars que Disney ha anunciado para los próximos años, Rogue One, se estrenaba hace hoy dos semanas con gran éxito entre los seguidores de la franquicia. Como recordarás, la trama se sitúa entre los Episodios III y IV, más conocido como La guerra de las galaxias o Una nueva esperanza, por lo que los productores tuvieron que ingeniárselas para recuperar a algunos personajes de la película de 1977.

Uno de los mayores retos fue incluir en el metraje al Grand Moff Tarkin, interpretado por el fallecido Peter Cushing hace tantos años. La mejor solución, según confesaron algunos de los responsables de Disney y Lucasfilm en una reciente entrevista con The New York Times, fue la recreación de su rostro, con el consentimiento de la familia, mediante CGI. Aunque fue el actor Guy Henry quien grabó todas sus escenas haciendo uso de sensores, el proceso de postproducción impidió que pudiéramos verle en la película final, en la que se habían introducido efectos digitales para modificar su aspecto.

Lo más llamativo es que su participación virtual no se redujo a un mero cameo como cabía esperar, sino a una serie de escenas en las que Cushing era el auténtico protagonista de la acción. Al margen de las implicaciones éticas, de las que hablaremos después, mientras algunos fans de la saga alababan el esfuerzo de los responsables del film, otros criticaban el uso tan intrusivo del CGI en secuencias que podrían haberse solventado con la participación de otro actor caracterizado.

Al fin y al cabo, nadie iba a mostrarse indignado o a demandar la aparición de Peter Cushing en este spin-off tras su deceso en 1994. Más aún, cuando los efectos digitales, por otra parte sobresalientes, aún no se encuentran los suficientemente perfeccionados para simular la expresividad de un intérprete real. No obstante, en los últimos años hemos sido partícipes de otros casos cuya justificación sí implicaba el uso obligado, o al menos recomendado, de este técnica.

En 2015 llegaba a los cines de todo el mundo la última entrega de la saga juvenil Los juegos del hambre, Sinsajo: Parte 2, que recientemente había perdido a uno de los miembros de sus reparto, el carismático Philip Seymour Hoffman. Tras el muerte del actor, Color Force y Lionsgate tuvieron que buscar la mejor manera de finalizar el rodaje de sus escenas. Para ello, solo recurrieron al CGI en una secuencia determinada, pues el resto de sus diálogos fueron transferidos a otros personajes de la historia.

Cabe señalar, además, que los responsables de la película no llevaron a cabo una reconstrucción del rostro del actor mediante un programa informático como en el caso de Cushing, sino que reciclaron su rostro de uno de los planos filmados y lo introdujeron de la mejor forma posible en la nueva secuencia. Al menos, así lo percibió el espectador, que en quizás ni llegó a percatarse de tal circunstancia, al contrario que en Rogue One: Una historia de Star Wars.

Más sonado fue el caso de Paul Walker en la séptima entrega de Fast & Furious. El actor había fallecido en un accidente automovilístico antes de concluir el rodaje de la película, por los que los productores decidieron, como en Los juegos del hambre, modificar el guion en primer lugar. Más tarde, se recurriría a sus hermanos para rodar escenas adicionales e introducir el rostro de Walker combinando planos desechados y un uso intensivo de los efectos digitales.

No obstante, ni en el caso de Hoffman ni Walker se llegó a recrear la cara del actor del mismo modo que pudimos ver hace poco en los cines. Además, no fue el único personaje de la trilogía original de Star Wars que hizo acto de presencia en la película (atención, spoilers). En uno de los últimos instantes de Rogue One pudimos ver a una joven princesa Leia también digitalizada, aunque de forma mucho más evidente si cabe que el Grand Moff Tarkin.

En esta ocasión, sin embargo, se giraba hacia el espectador tan solo un momento, por lo que la sorpresa era mayor que la posterior decepción por los efectos digitales empleados. En cualquier caso, y tras el triste fallecimiento de Carrie Fisher, este uso intensivo del CGI en la última entrega de la franquicia nos hace cuestionarnos cómo va a gestionar Disney la desaparición de la actriz en los próximos episodios de la saga.

Aunque algunos medios han asegurado que la estadounidense ya había filmado todas sus escenas, parece ser que más cuantiosas que en El despertar de la fuerza, desconocemos a día de hoy el trato que se va a otorgar al personaje y, aún más importante, a la memoria de la actriz, en el episodio IX que cerrará la nueva trilogía en 2019. Según John Knoll, productor y responsable de los efectos digitales de Rogue One, resucitar a Peter Cushing era necesario por "motivos de la historia muy sólidos y defendibles”. Sin embargo, ¿era ético?

¿Cómo se determina cuándo los motivos de la historia requieren de la reconstrucción total del rostro de un actor fallecido? El propio Knoll ha asegurado que esto “solo tenía sentido con esta película en particular”, aunque la utilización de esta técnica en el futuro de la franquicia, sobre todo tras la sorpresiva muerte de Fisher, es una verdadera incógnita. Desde luego y, para no herir sensibilidades, deberán tener muy en cuenta la fina línea que separa el homenaje de la profanación.

Sea como sea, que la Fuerza esté contigo, Princesa.

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