La venda en los ojos

Aquellos que vivimos pegados al mando de la consola todo el día olvidamos muy a menudo que más allá de nosotros, más allá del hardcore, hay un mundo entero de jugadores. ¿Alguno conoce a las Monster High? Se trata de una serie de dibujos animados cuyo videojuego ha roto moldes estas navidades, se ha agotado en las tiendas hasta el punto de que ni Arnold Schwarzenegger podría encontrar una copia para su hijo.

Wii, PSP o DS, que muchos hardcore ya ven en sus estertores, siguen agotándose en las tiendas, y títulos de hace años como New Super Mario Bros Wii, Mario Kart DS o Nerf, continúan triunfando. Y ya ni hablamos de los juegos de licencia de películas: desde Los Pingüinos de Madagascar a Cars… Casi cualquier título basado en un filme de animación vende a patadas.  Sólo un dato: de entre los diez títulos más vendidos en diciembre de 2011, según aDeSe, sólo tres eran puramente hardcore (Modern Warfare 3, Assassin’s Creed: Revelations y Uncharted 3), y títulos eminentemente casual como Just Dance 3 o Mario y Sonic en Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 estaban en el podio.

Lo casual triunfa, tanto o más que lo hardcore, y a los jugadores de toda la vida, los que nos pasamos horas y horas delante de la consola, nos cuesta mucho asumirlo. Nos sentimos los defensores del videojuego, de su pureza, y criticamos todo aquello que huele a casual, a facilón, a dibujo animado. Pero, de lo que muchas veces no nos damos cuenta es de que ese público ocasional y esos juegos facilones sustentan buena parte de la industria actual y de la futura.

Primero, porque habitualmente son títulos de bajo coste y de alta rentabilidad, que sostienen y ayudan a lanzar títulos hardcore. Me apostaría una cena a que Ubisoft ha obtenido por lo menos unos beneficios parejos de Just Dance 3 y de Assassin’s Creed: Revelations, o incluso más del primero. La tercera entrega de la franquicia ha vendido más de ocho millones de copias y su coste de producción ha sido con toda seguridad menor que el de una gran superproducción como Assassin’s Creed.

Y segundo, porque los títulos casual van destinados a un público que habitualmente no juega a consolas y atraen a un público ajeno a este medio. El gran secreto de Nintendo con Wii y DS fue superar el pánico al mando de aquellos a los que les cuesta mucho jugar con mandos tradicionales. ¿Cuántas veces habrás intentado hacer jugar a tu padre a Gran Turismo? ¿Cuántas veces miraba los botones para saber qué debía pulsar? ¿En cuántas ocasiones giraba el mando como si fuese un volante? Todas esas trabas se superan con Wiimote o Stylus, con Move o Kinect. Y, lo más importe, son un excelente punto de partida para atraer al público hacia el mundo de los videojuegos, para hacer crecer al sector con nuevos públicos y hacerlo más grande.

A menudo, los hardcore nos creemos tan habilidosos que creemos que podemos jugar hasta con una venda en los ojos. Deberíamos quitárnosla. Veríamos que hay mucho videojuego más allá de nosotros.

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