Las ventajas de ser un YouTuber

Vivimos en una sociedad que daría miedo a Isaac Asimov, George Orwell y Julio Verne juntos. Todas sus predicciones literarias se han vuelto más que realidad, entre ellas superar la barrera espacial (“¡Hay agua en Marte!”), vernos cada vez más ayudados, o lastrados según el punto de vista, por la tecnología, y estar interconectados a nivel global en todo tipo de dispositivos de comunicación y redes sociales. Una de ellas es YouTube, y por si has estado viviendo en una cueva la última década te cuento que es una plataforma donde cualquiera puede compartir sus vídeos, y recibir feedback en consecuencia.

Pues bien, en este entorno de toma y daca tecnológico ha surgido una nueva especie, el YouTuber, una persona que se dedica casi en exclusiva a aportar contenidos para dicha red social, y que (sorprendentemente, diría esa persona de la cueva) se gana la vida con ello. Una subespecie  es el YouTuber de videojuegos o Gaming YouTuber, cuyos contenidos giran alrededor del mundo de los videojuegos que tanto tratamos en estas columnas. En sus vídeos, los YouTubers capturan partidas mientras juegan a títulos conocidos por todos, siendo la elección popular últimamente Minecraft, GTA V y diversos juegos de terror como Insomnia, Outlast o Five Nights at Freddy’s (porque nos encanta ver a la gente pasar miedo, ¿verdad?).

Como premisa, esta profesión parece el ideal de todo jugador: recibir beneficios por jugar, hacer del disfrutar de videojuegos una profesión. Pero todo mejora cuando ser un YouTuber te convierte en una de las profesiones mejor pagadas del mundo, llegando incluso a recibir cifras millonarias en diferentes conceptos como publicidad y promoción. La conclusión es: “hazte YouTuber, te podrás comprar una mansión, en serio”. Pero, ¿qué hacen realmente estas personas? En mi limitada capacidad, les veo activando su capturadora, iniciando Minecraft y comentando sus partidas, para después editar el resultado y subirlo a sus canales con millones de suscriptores, cuya audiencia se convierte en cobertura publicitaria y acuerdos de partnership para el YouTuber. ¿Es esa labor digna de un sueldo de seis cifras?

Entramos pues en la eterna discusión sobre cuánto vale el trabajo de cada cual y la imposibilidad de medir de manera cuantitativa el esfuerzo para después cobrar una cantidad acorde. La relevancia que se le da al esfuerzo de los YouTubers, que no califico de grande ni pequeño, conste, dependerá entonces de un análisis cualitativo. Este análisis vendrá de parte de la inabarcable comunidad de internet, que le dará al personaje en cuestión la relevancia que crea que merezca. ¿Este YouTuber me gusta? Pues tras millones de suscripciones, quedará validado como tal. ¿Éste no? Nunca volveremos a oír hablar de él. Por desgracia esta forma de afrontar el éxito o el fracaso funciona igual en prácticamente todos los sectores del entretenimiento, instaurando una democracia injusta con aquellos con talento pero que quedan ocultos.

Queda claro que no es mi labor, ni la de nadie ajeno, decidir cuánto cobran o qué relevancia adquieren estas personas que lo único que hacen es poner su pasión por los videojuegos en un producto hecho con el esfuerzo que ellos crean necesario. Sin embargo, también está muy claro que es un problema hacer que estas figuras crezcan tanto y a tal velocidad hasta el punto de ser consideradas como más influyentes que personajes de otras artes, pero no porque esto sea negativo para el público al que influencian, al contrario, son adalides del positivismo y el colofón del “me encanta mi trabajo”, sino para ellos mismos, puesto que, como con cualquier profesión del entretenimiento, lo poco abunda y lo mucho cansa. O lo que es lo mismo, tanto el público que tanto les adora, pronto acabarán por cansarse si no son capaces de evolucionar, y ellos mismos se quemarán dentro de su propia plataforma.

Así todo, este es un riesgo que existe en prácticamente toda profesión, pero me parece curiosa la velocidad con la que se ha disparado el éxito del Gaming YouTuber dentro de la sencillez de la idea sobre la que se sustenta su trabajo. ¿Merecen dicho éxito? Sería mezquino afirmar lo contrario, al igual que sería ingenuo pensar, si la historia es demostrativa con otras profesiones, que ser YouTuber es una profesión de largo recorrido.

De esta manera, la perspectiva de futuro que tiene estas figuras se divide en dos caminos: acabar tan quemados por la llama del éxito que no les quede más remedio que desaparecer (o ser repudiados por un público cansado) o bien evolucionar a otras formas más estables de entretenimiento que no me corresponde a mí elegir. Una tercera vía sería pasar a la historia como YouTubers como unos pocos han hecho, tras años en esa plataforma, pero es difícil ocupar el Olimpo de YouTube, y destronar a esos titanes lo es aún más.

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