Los peligros de la sobreinformación

Todos aquellos que, como yo, ya tengan una edad, recordarán eso de ir a una tienda, comprar un juego por su portada y, al llegar a casa, descubrir que era un auténtico fiasco. A todos nos ha pasado, ¿verdad?

Hoy en día que suceda algo así resulta imposible. Vivimos en un mundo en el que la información viaja a una velocidad supersónica. Y en la que los tiros nos llegan de todas partes: webs, blogs, foros, revistas, vídeos… Pero este bombardeo constante de contenidos puede resultar en ocasiones tan perjudicial como la falta de él. A todo el mundo le gusta que le recomienden un buen restaurante, pero no que le sirvan la comida ya masticada.

Que levante la mano, de hecho, aquel que no haya sentido alguna vez algo así. La excesiva democratización cultural (o friki, según lo vea cada uno) que ha supuesto Internet, así como el cada vez más salvaje hype comercial que llevan a cabo las compañías generan sensaciones encontradas. Muchas veces cuando un juego finalmente se pone a la venta, ya parece que lo hemos jugado cuatro veces. Y no hablo solo de quienes nos dedicamos a esto.

No nos engañemos, a día de hoy es imposible descubrir algo por uno mismo. Desde el primer tráiler mostrado en una feria, hasta las demos, pasando por diarios de desarrollo, guías, tutoriales, presentaciones… la impresión de deja vu es una constante. Más aún si tenemos en cuenta la secuelitis y la falta de innovación que azota el sector cada vez con más fuerza.

Todo esto da que pensar. Está claro que lo poco gusta, y lo mucho cansa. Todos nos hemos negado alguna vez a leer tal o cual libro, solamente porque todo el mundo nos lo recomendaba sin descanso. Lo bueno suele convertirse en popular, lo popular en moda, y las modas pasan de largo. Es por eso por lo que, hoy más que nunca, resulta imprescindible decidir qué vemos, cómo y cuándo, y no dejarnos llevar por una marea de información que en ocasiones solo logra abrumar. Desarrollar un sentido crítico y selectivo para sobrevivir, vamos. 

Más que nada porque, como se suele decir, en ocasiones tanto árbol no deja ver el bosque. 

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