¿Los videojuegos nos hacen criminales?

No hablemos de la gente muriendo diariamente por desnutrición, ignoremos a aquellas personas refugiadas que huyen de la guerra y se ven yendo de un lado a otro buscando un asilo que pocos se ofrecen a prestar, demos la espalda a aquel joven sufriendo una paliza tan solo por no seguir los esquemas marcados por una sociedad egoísta e hipócrita. Hagamos por un momento (si no lo hacemos ya de base) que todo eso no existe para centrarnos en lo verdaderamente importante: la violencia en los videojuegos. Qué peor que eso.

Si nos paramos a pensar, son muchas las ocasiones en las que en los telediarios se ha hablado de alguien que ha asesinado, herido, atacado, robado a otra persona. Hasta aquí todo normal, pero muchas veces cuando se añade la palabra “joven” al perpetrador, muchas de las veces las miradas acusadoras se dirigen a los videojuegos. No quiere decir que sólo los jóvenes jueguen, pero es un estereotipo que se ha ido solidificando con el tiempo.

La verdad es que este asunto siempre ha traído (y traerá) mucho debate. Me he visto muchas veces en clase, con un profesor hablando de los videojuegos muy despectivamente con el único argumento de que “los videojuegos pueden volver agresivos a las personas y empujarlas a cometer crímenes”, y enfrentándome a alguna persona sólo por decir que yo no creo que sea tan absoluto. Hace unos pocos días volvió a ocurrir, y creo que ha llegado la hora de hablar de lo que pienso con libertad.

Admitiré que hay muchos videojuegos que hacen "apología" a la violencia. Admitiré que no son aptos para un público en especial, y que esta exposición puede afectar en mayor o menor medida a las personas.

Pero también voy a decir que hay muchos géneros en el mercado y que tienes total libertad de compra, pues nadie te pone una pistola en la cabeza para adquirir cierto videojuego.

Por esta misma razón, cada uno es libre de decidir qué quiere jugar y qué no, y el hecho de que sea más o menos adecuado para un público u otro no implica una prohibición expresa de que aquellos que pueden ser más vulnerables no podrán probarlo. Hoy en día, un niño de 6 años puede jugar perfectamente a un shooter, y si no es en su casa, será en la de un amigo.

Los videojuegos pueden ser “malos” si tú así lo permites. Aquí, el poder lo tienes tú y tu poder de distinguir qué es lo real y qué lo ficticio. Creo que la mayoría tiene claro que podrás robar virtualmente a quien quieras porque no estás haciendo un daño real, y que este acto fuera de un cartucho o un DVD tiene unas consecuencias veraces que pueden afectar tu vida.

Ahora, hablemos de los jóvenes “gamers”. ¿Qué pasa con ellos? Lo que yo creo, es que no tendría por qué pasar nada si se les educase correctamente. Los referentes de los niños deben enseñarles qué es lo que la vida real ofrece, lo que puedes y lo que no se debería hacer, y la consecuencia de todas las acciones que emprendes. No es una tarea fácil, lo sé, pero es mejor educar al respecto y tomando un papel activo que dejarse llevar y no hacer nada.

Que lo mismo hay cierto material que sí será demasiado fuerte para los menores y lo mismo si se le expone a él puede suponerle un gran impacto, es cierto, pero yo prefiero que si se da el caso se le expliquen los motivos por los que no es conveniente que lo vea para que lo entienda, en lugar de responder con el más que oído “porque no”.

Los jóvenes son personas, piensan, razonan, tal vez unos más que otros, pero lo que se tiene que tener en cuenta en todo momento es que tienen su propio criterio. Ellos son los que deciden si seguir un camino u otro. Los videojuegos no les llevan obligatoriamente por la senda del mal, del crimen y lo incorrecto y es una concepción que todavía se mantiene a día de hoy.

Un videojuego no despierta tu lado oscuro, porque en realidad todos lo tenemos. En el caso de gente con problemas de agresividad, ésta yace latente en la persona y un juego no la puede originar sino en todo caso propiciarla, que es muy diferente. Ambas circunstancias son negativas, sí, pero de nuevo entran aquí la educación y el saber diferenciar el mundo real al del entretenimiento. Y si lo complicamos hablando de personas con trastornos mentales como la esquizofrenia, también diré lo mismo: un juego no es la causa de la esquizofrenia porque ésta se deriva de condiciones genéticas, cerebrales o incluso de alteraciones durante el desarrollo. Un videojuego no tiene la suficiente influencia como para generarte un trastorno de tal magnitud.

Que hay estudios que pueden afirmar todo lo contrario a lo que pienso es evidente, así como que hay otros que indican que pueden tener cierta relación, pero desde luego no causal. Además, hay que distinguir dos conceptos: el uso y el abuso. Yo me centro en el uso que los jugadores suelen hacer, lo segundo sería otro cantar.

Una conciencia criminal no aparece así como así, y recae en el entorno de la persona. La economía de su país, el contexto cultural e histórico, la situación social son tan solo tres factores que pueden influir en ello. No es lo mismo una persona viviendo en un lugar objetivo de una guerra y en crisis que otro cuya economía es más estable y tiene conflictos menores. Independientemente o no de que haya consolas.

Por último, me gustaría mencionar algo que parece ser que se está olvidando y que los medios de comunicación parecen no ver:

En primer lugar, que casi siempre que un videojuego aparece en las noticias suele ser por algo negativo, ¿pero qué hay de aquellos que se han creado con el objetivo de ayudar en las terapias psicológicas? Nadie habla de VirtualRehab, uno creado para personas con Esclerosis Múltiple puedan para ejercitar aquellas facultades afectadas por la enfermedad, ni del proyecto SpaceSlam, dirigido a la rehabilitación de niños con problemas neuromusculares. No, somos más genéricos: “todos los juegos son malos”. ¿Qué hay de los de baile, también fomentan la violencia?

En segundo lugar, propongo hacer un ejercicio: imaginemos que absolutamente todos los videojuegos son prohibidos. ¿Cómo es la gente? ¿Cómo es su día a día? ¿Ha cambiado algo?

Mi respuesta es que sí, se ha quitado una forma de entretenimiento, pero por lo demás todo sigue igual. Si bajo a la calle a lo mejor me encuentro a dos vecinos discutiendo, cinco bloques abajo ha habido un accidente, los periódicos anuncian un nuevo conflicto armado, el best-seller del momento es una novela negra bastante gráfica y la película que ha ganado el Óscar habla de las hazañas de una mujer soldado.

¿Hemos acabado con la violencia? No.

¿Vamos a quitar todo lo que existe porque así nuestra sociedad vivirá en paz y armonía? Podríamos, pero continuarían existiendo conflictos.

Porque la vida en sí es cruda, basta y cruel a la par que bella, sorprendente e infinita.

Esta es mi opinión, y respeto las de los demás siempre y cuando se expongan de manera educada.

¿Y la vuestra?


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