Mamá, ¡quiero ser artista!

Llevamos una época de tiempo extraño, ni frío ni calor, sudas y te mojas a partes iguales. Esto es lo mejor para que un catarro te pille sin avisar, que te obliga a quedarte una tarde en casa, bajo la manta escribiendo febril mientras suenan los Black Rebel Motorcycle Club y, si eres colchonero como yo, soñar bajo la manta con un golazo de Adrián en la final de Bucarest.

¿Por qué suelto esta chapa? Pues porque en ese estado dopado de medicinas y enfermedad soñé, como siempre, con un mundo donde los héroes de los videojuegos cobran vida, son reales, se relacionan con nosotros, tienen hijos, van al curro… En definitiva, son personas de carne y hueso.

¿Sabéis la conclusión a la que llegué? ¡Qué suerte tienen las compañías de videojuegos de que no sea así!

Los actores de cine cobran un pastizal, los deportistas de élite ni te cuento, ¿cuánto debería pagar Nintendo al señor Mario por estos años de currele? ¿Qué pediría Nathan Drake por las escenas de riesgo? ¿De qué manera escondería Microsoft al actor detrás de El Jefe Maestro? Sería algo parecido al piloto Stig del programa de coches Top Gear, al que nunca hemos visto sin casco.

Una factura de una estrella de los videojuegos sería galáctica. Un ejemplo os lo dimos hace unos días en las AlfaBetaJuergas, mirad la broma de nómina que pide Boba Fett por sus servicios prestados en Star Wars:

En definitiva, las compañías de videojuegos pueden quejarse de los caprichos de sus desarrolladores estrella, de las exigencias o divismos que en un momento dado puedan tener los Molyneux, Bleszinski, o Kojima de turno. Pero eso nunca será nada comparado con el catering que te puede pedir Kratos, la lucha que te puede dar Interviú por haber sacado a la princesa Zelda en “pelota picá” en las playas de Almería, o los líos de faldas y borracheras de Marcus Fénix fuera de las consolas. ¿Os imagináis?

Cada héroe de las consolas tendría un manager con sus exigencias, del tipo “Cole de InFamous siempre necesita un enchufe gigante en su habitación de hotel 5 estrellas”, o “perdone usted que Goku se haya cepillado todo el bufé en el primer día de rodaje”.

Y eso por no hablar de los abogados que tendrían que contratar Microsoft, Sony y Nintendo, porque fijo que estas estrellitas la liarían parda día sí y día también: que si Link pasa de ir siempre de verde, que porqué tiene que ir siempre el Big Daddy de la mano con una menor, que Larry no deja de levantar faldas en el supermercado, que porqué Donkey Kong no deja de subirse a las torres Kio para tirar barriles…

En fin socios, dándole una vuelta a todo esto pienso que… ¡yo también quiero ser un artista!

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