Mariano Rajoy y las Bolas de Dragón

Nuestros padres no tenían forma de cambiar el nivel de dificultad en los videojuegos. Solo había una manera de hacerlo: meter la moneda o encender el Spectrum, y acabar la partida la mayoría de las veces del tirón y sin “pause” ni guardado. Jugadores duros que llegaban al final de Ghost ´N Goblins sudando y sin pestañear. Gracias a ellos ahora puedes poner la partida en modo “fácil” en Call Of Duty y darte un paseo disfrutando con la historia, gracias a ellos los juegos se han democratizado, se han vuelto accesibles y cualquiera puede disfrutarlos.

Pues bien, ahora nos vienen diciendo que llevamos años jugando por encima de nuestras posibilidades, que la culpa de la crisis es nuestra y que nos toca por narices poner la partida en modo hardcore, en modo Dios, en modo Leviathan… Veis por donde voy, ¿verdad?

Ayer el gobierno de España decidió por decreto ley subir el IVA, lo que supone que todos por igual sufraguemos la novatada de los bancos. Que entre otras cosas los parados tengan menos prestación por desempleo, que a los funcionarios les quiten la paga extra (que no tiene nada de extra, es una bajada de sueldo, ya que tu nómina anual te la dividen en 14 pagas). Y entre otras muchas cosas que a nuestros mayores les endurezcan sus pensiones y les mermen gravemente una ley de dependencia que les ayudaba en la vejez y la enfermedad. ¿Qué culpa tienen nuestros abuelos después de años de trabajar y cotizar de la estafa bancaria?

¿Qué más tiene que pasar para que vayamos en busca de las Bolas de Dragon? ¿Para que recemos a Kratos por una pronta venganza? ¿Para que Nathan Drake nos encuentre un tesoro que sacie a los mercados?

Y es que no parece haber otra alternativa que rezar para que el mundo se convierta en videojuego y nuestros héroes nos ayuden. Si te quedas “pancarteando” en Twitter eres un vago que no se moviliza y si te movilizas te hinchan a porrazos.

Yo, como canta Dylan desde hace 50 años y como nos sucede cada vez que nos lanzamos a la aventura en la consola, pienso que “el que nada tiene, nada tiene que perder”. Protestemos, denunciemos, cambiemos el hilo de las cosas, no le tengamos miedo a las palabras Revolución y Protesta porque no contienen cariz político, son las fuerzas que han cambiado el mundo. Pensemos en Islandia y no en la URSS.

Por supuesto todo esto es una opinión subjetiva y personal. Vosotros como cada uno de los miembros de esta redacción tendréis vuestra visión de las cosas. Pero yo, después de tanto Fallout, Homefront y pelis de Mad Max me he vuelto un paranoico del desastre, y veo que cuando el dinero se impone por encima de las personas, los mercados por encima de los países, y los gobernantes por encima de los intereses de los votantes, los videojuegos han encontrado un buen caldo de cultivo para iniciar el guion de una aventura apocalíptica.

Hemos tirado beneficios sociales ganados y luchados por nuestros padres y abuelos en apenas un año. ¿Podemos mirarles sin sentir vergüenza? ¿Qué les diremos a nuestros hijos?

Así que, señor Rajoy, lo mismo nos vemos obligados a llamar a la nube mágica y salir en busca de las bolas mágicas que perseguía Goku para pedir nuestro deseo. O las cosas las cambiamos entre todos o parece la única salida a una crisis. Porque ayer al anunciar los recortes no veía a un gobierno pensando en sus ciudadanos, me imaginaba que John Marston de Read Dead Redemption, compinchado con los bancos, nos cogía del pescuezo y nos gritaba a la cara “¡Dame mi dinero!”.

Y lo peor de todo: Cuando John nos soltó el cuello, sus compinches aplaudían satisfechos…

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