Mi primera consola

Año 1990. Viernes tarde, mi padre me recoge del colegio tras salir del trabajo y vamos al Pryca, donde está mi madre que ya ha empezado a hacer la compra, como todos los viernes. Buscándola por todo el centro comercial, llegamos a la zona de electrónica.

Y allí está, en una vitrina, una flamante Master System II. Quizá de flamante tuviese poco ya, con Mega Drive y Super Nintendo a la vuelta de la esquina, pero para mis ojos de cuatro años, esa era como para Homer ver una montaña de rosquillas. Mi contacto con los videojuegos se había limitado a la Game Boy de mi primo “el rico”, que apenas me dejaba tocarla. Y allí estaba, un precioso juego a todo color en el que un ¿mono? daba saltos y pegaba puñetazos. Por supuesto, se trataba de Alex Kidd in Miracle World. Cogí el mando de la consola y empecé a jugar, y a morir, totalmente embobado. Hasta que mi padre me dijo, “anda hijo, vámonos”.

Volví al viernes siguiente. Y al siguiente. Y al siguiente. Unas veces me tocaba esperar hasta casi llegar a las manos con otros niños, otras la tenía sola para mi. Mis padres, que al principio me dejaban jugar apenas 5 minutos y me obligaban a irme con ellos a seguir haciendo la compra, pronto me comenzaron a dejar solo jugando mientras ellos terminaban la compra, no sin antes decirle al dependiente de la zona que “me echase un ojo”. Cuando mis padres acababan, venían a buscarme para ir a las cajas y volver para casa.

“¿Qué le vas a pedir a los Reyes, hijo?” “Una Master System II”. Faltaría más, ese negro objeto de deseo con Alex Kidd. Aún recuerdo cuando retiré el papel de regalo y vi esa caja blanca con, por supuesto, Alex Kidd en portada, que venía dentro de la consola. Aún recuerdo a mi padre enchufándola a la tele. Aún recuerdo oír la sintonía de Alex Kidd in Miracle World por primera vez, ya que en el Pryca siempre estaba en silencio. No me acuerdo de ningún juguete más de los que me trajeron los Reyes Magos ese año. No podría sentirme más identificado con el niño del “NINTENDO SIXTY FOOOUUURR”.

Durante años, mi Master System II fue la reina de mis ratos libres, quizá compartida con, algo más adelante, mi Game Boy, que iba siempre conmigo de viaje. Alex Kidd in Miracle World fue el primero de una larga lista de juegos que pude disfrutar en mi Master System II, casi todos alquilados un viernes y devueltos un lunes. Tradiciones.

De Sonic: The Hedgehog a Putt and Putter, de Castle of Ilussion a Aladdin, de Tazmania a Asterix. Muchísimos pasaron por mis manos, unos mejores y otros peores. De la mayoría ni me acuerdo hasta que veo un pantallazo suyo en algún lugar de Internet. Pocos me pasé. Daba igual, yo disfrutaba como lo enano que era.

A principios de los 90 mi preciosa Master System II había nacido anticuada. Mega Drive ya estaba presente, a Super Nintendo le faltaba poco para salir. No negaré que ver los juegos de las consolas de 16 bits en las teles de las casas de algunos de mis amigos me diera una envidia enorme. Era lógico. Pero yo tenía mis juegos de Master System II, y seguía disfrutándolos siempre que podía. Aún recuerdo llamar a gritos a mi padre para que pulsase el botón de pausa cuando necesitaba ir al baño y ya no aguantaba más. El "pause" no estaba en el mando, sino en la consola. No me quiero ni imaginar la de vidas perdidas a lo largo de todo el mundo en juegos de Master System II por levantarse en un momento inoportuno. Aún recuerdo cuando me pasé el juego de Aladdin y cómo no hubo manera de acabar Alex Kidd in Miracle World. Han tenido que pasar años y años para que lo lograra. Aún recuerdo ese pulgar dolorido y despellejado gracias a la horrorosa cruceta de mi querida consola.

Más tarde llegaron muchas consolas. PlayStation, Game Boy Advance, PlayStation 2… Y las que me dejaron en algún momento de mi vida pero que no eran mías, con las que también flipaba: NES, Super Nintendo, MegaDrive, Saturn, Nintendo 64… Pero mi Master System II, esa consola que llegó tarde y que solo fue capaz de hacerle la competencia a la NES en Europa (y, curioso, en Brasil), siempre será especial. Siempre será mi primera consola.



Esta es la historia de mi primera consola y todos los recuerdos que me trae de mi infancia. Una de tantas otras, una como la tuya. Si quieres, puedes enviarnos tu historia a usuarios@alfabetajuega.com con el asunto MI PRIMERA CONSOLA. Tu historia podría ser publicada en esta sección de la web.

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