Opinión: Los videojuegos, enemigo público número uno

Uno de los prejuicios más extendido acerca de los videojuegos, es aquel que subraya que estos vuelven más violentos a cualquier jugador. Algo que a medida que ha ido pasando el tiempo, y se ha ido negando, no solo no ha terminado de desaparecer, sino que aún continúa siendo un mantra que parece no poder eliminarse de ninguna manera.

Un prejuicio que, a su vez, va extendiéndose en gran medida apoyado por quienes desgraciadamente tienen el poder de decidir qué es tendencia y qué no, los medios de comunicación. Y aunque cada vez son más las noticias que se emiten en los medios generalistas, que hablan de las ventajas de los videojuegos, ya sea en el día a día, como forma para eliminar el estrés, o para combatir todo tipo de trastornos y enfermedades, lo cierto es que, al igual que sucede con muchos otros temas, con un solo dato negativo, ya sea real o no, todo lo conseguido hasta el momento acaba perdiéndose.

Porque, con que se diga que alguien que haya cometido cualquier crimen jugaba a los videojuegos, ya se está ofreciendo una relación entre estos y el delito. Algo que gana mucha más gravedad, cuando el crimen en cuestión no es otro que el de terrorismo y asesinato en masa. Porque no hace falta echar la vista demasiado hacia atrás para descubrir que cuando se cometió el ataque del Estado Islámico sobre París, salió a flote una noticia que hablaba de cómo los terroristas habrían utilizado consolas PlayStation 4 para mantenerse en contacto entre ellos, y perpetrar los asesinatos.

Una información que acabó desmintiéndose poco después y achacándose a un pequeño error en la traducción del informe presentado en aquel momento por el Ministro de Exteriores Belga, que poco después dejó claro que, a pesar de que se creía que la consola de Sony podría haber tenido algo que ver, en ningún momento se encontró nada que apoyara esta teoría, ni se requisó ninguna PlayStation 4 en las intervenciones policiales posteriores al ataque.

Pero en aquel momento, el daño ya estaba hecho. Y esto es algo que desde siempre ha ido repitiéndose. De hecho, tras el fatídico 17 de agosto, varios medios han intentado relacionar de una manera u otra a los causantes del atentado de Barcelona y Cambrils, de nuevo con los videojuegos. En algunos casos ha sido para enfatizar la descripción de los atropellos, comparándolos con la saga Grand Theft Auto, en otros, para afirmar que los videojuegos acabaron volviendo insensibles a quienes perpetraron el crimen, como viene repitiéndose siempre que se descubre que los culpables contaban con una consola en su vivienda. Y, en otros casos, ni siquiera se llega a relacionar de manera sustancial los videojuegos con el terrorismo. De hecho, hay artículos sobre el tema que solo recogen la palabra “Videojuego” en una frase. Una oración, que muchas veces sirve para justificar un acto que no debería tener justificación, o, directamente, para llamar la atención del lector o espectador.

Y este es el motivo que lleva a parte de quienes han visto esa información a escandalizarse porque unos cuantos decidan criticar la mencionada información, cuando “ni siquiera se llega a dar demasiada importancia a los videojuegos”. Porque el daño ya está hecho. No hace falta que se hable mal de ellos. Simplemente con que se mencione un solo juego, o se compare una característica de cualquier título en una noticia que habla de terrorismo, ya se habrá prendido la mecha.

Y esto lleva a que, al final, algunos de quienes han leído la noticia en esos medios acaben demonizando los videojuegos. Una opinión que, poco a poco, irá extendiéndose a más ámbitos y personas, siempre reforzada por aquellos titulares que rezan que alguien “ha acabado con la vida de otra persona, como en X videojuego”. Y no importa que haya otros datos que contrarresten esta información, que la nieguen, o que intenten paliarla con noticias más positivas acerca de los videojuegos. Porque la justificación para negar que los videojuegos no sean nocivos y, por tanto, el daño, ya estará hecho.

Además, aunque la industria del videojuego se encuentre en mayor o menor medida monopolizada, debido al éxito de sagas como Grand Theft Auto, Call of Duty, e incluso juegos como FIFA o Pro Evolution Soccer, lo cierto es que fuera de estos hay muchos más nombres que deberían resaltarse y que llevarían seguramente a más de uno a pensar si realmente los videojuegos son los verdaderos causantes, o la justificación de cualquier acto delictivo, del tipo que sea.

Por otro lado, no solo se crea la opinión de que todos los videojuegos son iguales y, por consiguiente, todos pueden convertirse en un peligro, sino que con muchas de las razones ofrecidas por estos medios, se acaba llegando a la conclusión de que los menores que juegan a los videojuegos, se encuentran ante una industria que debería desaparecer por permitir que estos puedan acceder a contenidos tan violentos.

Pero, por eso mismo, tal y como ocurre con el resto de contenidos audiovisuales, ya sean películas o series, los videojuegos cuentan con una edad mínima recomendada. Y por este motivo, antes de ofrecer cualquier tipo de juicio precipitado que lleve a pensar que los videojuegos son los responsables de comportamientos violentos o sirven como modelo de imitación, habría que reflexionar acerca de si la culpa es del videojuego, o del familiar que permite a su hijo, sobrino, nieto, etc., acceder a un título no recomendado a menores de 18 años. No solo porque pueda contener escenas más o menos violentas, sino porque, de la misma forma que no se permitiría que un pequeño o una pequeña pudiera asistir, por ejemplo, a la proyección de una película de la saga Saw, tal vez debería considerarse de la misma forma una selección de títulos más apropiados para con su edad.

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