Outer Wilds y la exquisitez del minimalismo

El viaje de Mobius Digital esconde mucho más que la evolución del walking simulator.

Outer Wilds

Ni portan armas láser, ni se desplazan en naves ovaladas ni su cuerpo luce un color pálido similar al de un cefalópodo. Es más, ni siquiera sabemos si existen. El ser humano es osado por naturaleza y se atreve a poner cara a lo desconocido sistemáticamente. Pero, ¿y si resulta que están ahí, esperándonos? Tal vez sean ellos los que tratan de imaginar cómo somos nosotros. Los que se preguntan si están solos en el universo.

Durante los últimos días me he perdido en el bucle temporal que propone Outer Wilds. Un ciclo de 22 minutos que se ha repetido constantemente y en el que he visto cosas que no soy capaz de explicar. Porque hay cosas que no estamos preparados para saber, pero, ¿acaso es posible no sentir curiosidad por ellas? La obra de Mobius Digital no es para todo el mundo y me gustaría daros algunas razones para que no tengáis miedo a lo desconocido.

Outer Wilds

Veintidós minutos para soñar

Es el tiempo que muchos empleamos en darnos una ducha, tomar un café o llegar a nuestro lugar de trabajo. Parecen pocos minutos, pero cuando las reglas del tiempo se empeñan en ser caprichosas pueden dar para mucho. Porque los responsables de algo tan especial tenían claro que más no siempre es mejor; no hacía falta emprender el vuelo durante cientos de horas, ni tampoco explorar 18.446.744.073.709.551.616 planetas. Ni siquiera hacía falta dejarlo todo en manos del azar o prometer algo que no serían capaces de cumplir.

En Outer Wilds renacemos cada veintidós minutos. Realmente no lo hacemos nosotros sino el universo, que se ve colapsado y todo está condenado a repetirse una y otra vez. Hasta el infinito. Los que nos rodean no son conscientes de ello y viven atrapados en una especie de Día de la Marmota; nos saludan como si fuera un día más en el calendario, pero nosotros tenemos pleno conocimiento de la situación y somos capaces de recordar lo que vimos en el ciclo anterior. Un curioso sistema de progresión y guardado que hace del juego algo muy adictivo, ya que siempre nos quedamos con ganas de más y sentimos la imperiosa necesidad de volver rápidamente al punto en el que acabó todo. Porque lo mejor del final es volver a empezar.

El juego, que acaba de llegar a PlayStation 4 tras su paso por PC y Xbox One —incluido en el catálogo de en Xbox Game Pass—, propone una experiencia tan simple como efectiva: explorar, simple y llanamente. Explorar sin mayor preocupación que vigilar los niveles de combustible y oxígeno, ya sea cuando surcamos el firmamento en nuestra modesta nave o cuando nos lanzamos al exterior enfundados en un traje que no pasaría con éxito ningún control de calidad. Explorar y descubrir, por supuesto. Durante veintidós minutos, no lo olvidéis.

Outer Wilds

Lo que no te pueden contar

Hay cosas en la vida que hay que experimentar; que no pueden explicarse con palabras. Para bien o para mal. Durante los últimos días he salido a explorar una y otra vez, y no siempre he hallado lo que buscaba. A veces incluso me he encontrado con un terrible destino… Pero todos y cada uno de mis viajes han merecido la pena. Cuando uno se sumerge en el universo de Outer Wilds no sabe lo que está a punto de suceder. De hecho, y aunque suene a perogrullada, hay ocasiones en las que lo mejor es que no sucede nada. Porque volé hacia el Abismo del Gigante sin que nadie me prometiera que allí había algo esperándome.

La galaxia que exploramos es muy pequeña; el número de planetas es muy reducido y su tamaño resulta engañoso a simple vista. Sin embargo, cada palmo de terreno puede albergar lo que podría ser un paso de gigante para la humanidad, o para las excéntricas especies que habitan Lumbre, un pequeño y acogedor planeta que vendría a ser el equivalente al nuestro. Y eso es justo lo que hace de Outer Wilds algo muy especial: la capacidad para transmitir mucho, con muy poco gracias a la manera en la que juega con las expectativas del jugador.

Arte de Outer Wilds

No podemos obviar su faceta walking simulator, una fórmula muy popular durante los últimos años que nos ha dejado grandes títulos como Gone Home, What Remains of Edith Finch o Firewatch, entre otros. En este sentido, no somos pocos los que pensamos que Mobius Digital ha sido muy inteligente al subir la apuesta e implementar esos paseos dentro de una experiencia que también incluye altas dosis de exploración e incluso algún que otro rompecabezas. Un conjunto extraño, en el que siempre prevalece su naturaleza contemplativa y pausada.

Soy consciente de que no es fácil recomendar Outer Wilds. ¿Aburrido? Por momentos. ¿Impredecible? Con frecuencia. ¿Recomendable? Para mí, sí. He de confesar que no soy precisamente un amante de las experiencias contemplativas; tiendo a caer en la impaciencia y eso me ha llevado a perderme obras que el entorno que me rodea ha elevado a los altares con el paso del tiempo. En este caso, «este juego es mi GOTY» es la expresión que, en la boca de un amigo, me llevó a darle una oportunidad. Y no puedo estar más contento con mi decisión. Porque no voy a meterlo Wilds en ninguna lista de favoritos y ni siquiera me atrevería a valorarlo con algo tan vulgar como es un valor numérico. No obstante, si algo tengo claro, es que nunca olvidaré lo que he vivido gracias a Outer Wilds.

Roberto Pineda

Sci-Fi & Horror. Escribo cosas donde me dejan. Cosecho almas en Lordran, aunque vivo en Greenvale. Mi gato se llama Sif. Antes marcaba goles; ahora me enfado por los que otros fallan. Verdiblanco.

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