Pokémon Oro y Plata me enseñó con sus mentiras que no se puede confiar en la gente

Las leyendas urbanas están a la orden del día en el mundo de los videojuegos. Algunas incluso permanecen aún en nuestros días sin ser resueltas, mientras que otras han encontrado la horma de su zapato con argumentos irrefutables. Pokémon es una de esas sagas de videojuegos que no consigue escapar de los mitos y afirmaciones falsas, algo que se va extendiendo en el tiempo con cada nueva generación.

No, Mew no estaba bajo un camión tras el SS Anne al haber abierto un pasaje secreto del casino tras mostrar un Nidoking o Nidoqueen al nivel 100 a un miembro del Team Rocket. Y no, por mucho que algunos lo creyeran Farfecht’d nunca fue una preevolución de Duduo y Dodrio. Sin embargo, por muy absurdas que parecieran estas leyendas, he de admitir que a mí me colaron una aún más vergonzante y que tras muchos años aún me persigue hoy en día. Voy a contaros cómo me engañaron para capturar a Celebi sin el famoso evento de El Encinar.

La vuelta de Pokémon Oro y Plata a Nintendo 3DS me ha hecho revivir grandes recuerdos de la infancia, fueron las entregas que me convirtieron en un gran fan de la saga. Aunque también me proporcionaron uno de los episodios más negros de mi afición por los videojuegos. Era joven e inocente y una vez superado el juego, quise completar la Pokédex como fuera posible. Reuní a un grupo de amigos del colegio y comenzamos a intercambiarnos todos los Pokémon que nos faltaran a unos y a otros, fue una experiencia realmente gratificante. Incluso conseguí hacerme con Mew gracias a este método y al de clonación, por supuesto, que era todo un hito en aquella época.

Sin embargo, el número 251, Celebi, era imposible de conseguir si no era por un evento exclusivo de Japón. Me negué a admitirlo, en realidad, todos lo hicimos. Allá por los noventa no había tanto acceso a la información a través de Internet, por lo que uno tenía que fiarse indudablemente de lo que le contaba su compañero de juegos y aquí es donde Pokémon me enseñó una valiosa lección: nunca te fíes de un presunto experto en videojuegos. Un buen día, uno de estos iluminados llegó con una gran noticia: podríamos capturar a Celebi sin el dichoso evento que nos traía por la calle de la amargura.

El método era algo complejo, pero estábamos hablando del legendario Celebi, no podía ser sencillo. Al parecer, había que capturar a todos los Unown, los 26 tipos diferentes que existían por aquel entonces. Una vez teniéndolos todos había que acudir a El Encinar con el Unown en forma de Q en el primer lugar del equipo, ya que su forma se asemeja a la de una llave y, al parecer, abría una puerta secreta tras un seto aleatorio de los cientos que hay en dicho lugar. Y allí estaba yo, muy motivado, capturando a todos los Unown y volviendo a El Encinar, preparado para atrapar a Celebi y completar la Pokédex. Y sí, perdí un tiempo realmente valioso probando en cada uno de los malditos setos buscando la supuesta entrada secreta que te trasladaba al lugar de descanso de Celebi. Y no, por supuesto que nunca apareció.

Hasta aquí todo podría parecer muy normal, me habían colado una mentira y eso nos puede pasar a todos. Lo peor llegó días más tarde, cuando otro compañero llegó con el truco definitivo para atrapar al escurridizo Celebi: había que hablar con absolutamente todos los NPC de Johto y de Kanto y una vez hecho, el último de ellos le daría al jugador un mechero con el que poder encender el santuario de El Encinar y así, Celebi acudiría para presenciar con sus propios ojos todo lo que estaba ocurriendo.

Mentiras y más mentiras. Una vez más, desperdicié mi tiempo recorriendo los mapas de las dos regiones y hablando con todos los personajes que contiene el juego en vano. Más tarde descubrimos que era necesaria la GS Ball para poder hace que Celebi apareciera y a otro de ellos se le ocurrió una genial idea. ¿Y si César fabricaba la GS Ball? No hubiera tenido sentido que introdujeran a un fabricante de pokéball si no tuviera una gran relevancia, ¿verdad? Pues como buenos jóvenes, inocentes y estúpidos, acudimos cada día a recoger un bonturi con la esperanza de que alguno fuera plateado o dorado y César fuera tan amable de fabricar la GS Ball.

Nunca ocurrió, como es lógico. Y no fue hasta generaciones posteriores cuando pude hacerme finalmente con Celebi. Al menos aprendí una lección que Kingdom Hearts certificaría unos años más tarde: en los videojuegos, nunca te fíes ni de tu sombra.

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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