Remasterización al pasado

Si te permitieran volver al pasado gracias a una máquina del tiempo, ¿a qué época volverías? Seguramente a una lejana, como la Revolución Industrial, el descubrimiento del fuego o el origen de la cinematografía, para revivir esos hitos históricos que no has podido vivir nada cerca al haber nacido a partir de cierto año. Asimismo, también podrías elegir volver a ese día en el que jugaste a tu primer videojuego, o rememorar el momento en que casi lloras al acabar tu título favorito. El pasado está repleto de hechos negativos y positivos, y nos encantaría revivir todos los buenos una y otra vez.

Pero, ¿dónde está el límite de lo cercano en el tiempo que puede ser un evento o un juego para que debamos revisitarlo? Es decir, ¿si ayer hubieras tenido una gran experiencia, te gustaría volver inmediatamente? Pienso que no, pero parece que ciertos desarrolladores de videojuegos no comparten esta postura, pues han desatado el concepto de las remasterizaciones.

Esta palabra se remonta a los orígenes de la edición de imagen y sonido, en un proceso en el cual se mejoraba la calidad de un máster o matriz de dichos formatos, y es un neologismo anglosajón adoptado hoy en día para todo aquello que es mejorado y adaptado a nuevos formatos, como pueden ser películas clásicas que salen al mercado en formato Blu-Ray o videojuegos que salen en generaciones posteriores.

Pero no demasiado posteriores, como hemos podido ver en los últimos años, en los que se está esperando muy poco tiempo para lanzar esas versiones remasterizadas de juegos que, si bien nos encantaron en su momento, no precisan realmente de pasar por un filtro de mejora de sus gráficos o de llegar a la nueva generación. Y con esta idea, surge un debate en dos partes.

Por un lado, en cuanto a la mejora gráfica, como usuario habitual de videojuegos no tan modernos me siento inclinado a pensar que las resoluciones y fps, si bien son parte necesaria de un juego para ofrecer experiencias más inmersivas, no deberían ser condición sine qua non para que el lanzamiento de un juego sea exitoso y este juego tenga una gran fanbase. Dicho esto, no creo que necesitemos esa mejora matricial, prácticamente inapreciable según están más cerca las fechas de lanzamiento entre generaciones. Obviamente siempre habrá un mercado de usuarios que se sienten atraídos por un juego que, además de ser entretenido y con un guión elaborado, tenga unos gráficos mejorados hasta el extremo, pero no debería ser razón para copar la industria.

En segundo lugar, me preocupa el salto a la nueva generación. Las grandes compañías se empeñan con una mano en instarnos a dejar atrás el pasado y entrar de lleno en la octava generación para formar parte de su comunidad creciente, mientras con la otra lanzan títulos de la anterior, remasterizados de manera casi inapreciable por esa cercanía de la que hablo y que han salido hace apenas dos años. En mi opinión, esta es una política algo contradictoria, si bien, repito, siempre habrá mercado para estos juegos, bien de parte que usuarios coleccionistas que quieren tener esos apreciados títulos en su catálogo de nueva generación, bien de parte de aquellos jugadores que no llegaron a probar grandes títulos por haber comenzado muy recientemente su andadura en el mundo las consolas o no haber tenido la oportunidad.

Y como siempre hay mercado, esta tendencia seguirá hasta agotarse, sin que podamos saber nunca qué juegos nuevos podrían haber existido en el tiempo en que se remasterizaban esos de lo que he hablado. La buena noticia es que todos y cada uno de nosotros, como jugadores, tenemos cabida en el mercado de los videojuegos por su riqueza de oferta, de manera que nadie queda excluido, quiera volver al pasado, mantenga su mirada en el presente, o apunte hacia el futuro.

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