¿Te vas a montar un trío?

Llega ese día tan esperado en que te haces pequeño, pegajoso, maligno, bipolar, pierdes pelo y lo único que repites es “mi tesoro, gollum, ¡gollum!”.

Menos mal que todos estos cambios no toman cuerpo más que en tu mente… El caso es que esto nos ocurre a todos los jugones de generación en generación con cada cambio de consola, tras mucho ahorrar y hacernos con unas pesetas (antes) o euros (ahora) con las que acceder a un nuevo tesoro. Así que sí, las emociones se agolpan porque el que más o el que menos ha tenido que hacer un esfuerzo para poder juntar sus moneditas y billetes que le den acceso a una nueva caja de aventuras.

Este año se va a repetir ese momento pero nos lo han puesto difícil porque la cosa viene doble y, como en el sexo, va estar difícil montarse el trío aunque sea lo que todos (chicas y chicos) soñamos. PS3 y Xbox 360 nos dejaron más espacio entre ellas para cortejarlas y las consolas de Nintendo siempre se han manejado en otros tiempos. Pero el próximo mes de noviembre con una diferencia de tan solo una semana tenemos cita con dos modelos y todavía no sabemos cómo vamos a manejar el asunto…

¿Damos tiempo a ver qué nos cuenta PS4? ¿No lo pensamos y nos lanzamos a por la que llega primero, Xbox One? ¿Pasamos de las dos de momento y nos esperamos a tiempos mejores? Con tanta pregunta esto parece un programa de citas de MTV y no dejamos de pensar en a cual de ellas decirle «You are dismissed!»

Pero seguro que hay alguno, unos pocos afortunados, que podrán montarse el trío, EL BENDITO TRÍO entre One y el 4. Agarrar en sus manos estas navidades los dos nuevos mandos y darles toda la caña del mundo. Sea como fuere lo bonito de todo esto es que los jugones estamos de enhorabuena, un cambio de generación hace que todos grabemos en la memoria el momento en que sacamos de la caja una nueva consola.

La NES, la Game Boy, aquella Master System pillada en Pryca, la primera PlayStation… Es un instante que no se olvida, es mágico, se queda en la memoria como la primera bofetada por tirar de una falda, el primer beso, el primer mordisco a una Pantera Rosa o la Copa del Rey ganada en el Bernabeu (sorry, el colchonerismo me puede).

Hasta que llegas a casa con la caja miras desconfiado a todo quisqui, buscas incluso estar solo no vaya a ser que algún colega quiera compartir el momento con sus manazas. Sacas al “señor o señora tiquismiquis” que llevas dentro y disfrutas cada instante: quitar el precinto, abrir la caja, sacar cada uno de los elementos hasta que… ahí la tienes. Ella. Tu nueva consola.

Luego viene conectarla (que eso también tiene tela por la ceremonia que preparas entre cables, enchufes y pelusas) mientras tu antigua compañera te mira de reojo celosa, fastidiada, confiando en que como te acabas de hacer con el GTA V todavía la sigas dando cariño por mucho tiempo. Y así será, porque Los Santos han dado vida infinita a PS3 y Xbox 360.

Pero al final, tus antiguas consolas oirán lo que cantaban los Led Zeppelin en uno de sus mejores temazos: Babe, I'm gonna leave you

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