There´s no future

Si tuviéramos que tener en cuenta la temática de videojuegos para hacernos una idea de por dónde podría ir un futuro más o menos inmediato lo llevaríamos claro. En contraposición a esa imagen aséptica y positiva desarrollada durante la década de los sesenta en la que la tecnología  jugaba a nuestro favor y no servía más que para facilitar nuestras vidas y trabajos, en la que viviríamos en edificios tremendamente inteligentes, conduciríamos increíbles vehículos y mantendríamos relaciones amigables con nuestros posibles vecinos de la galaxia, pareciera que el futuro que nos espera no es nada halagüeño. Veamos cuáles son las opciones más barajadas (y más disfrutadas) en nuestros ordenadores y consolas:

Invasión extraterrestre: ¿Dónde quedaron esos encantadores alienígenas que lo único que querían era abducir (y sondar) a unos pocos (y normalmente no demasiado cuerdos) humanos, recoger muestras de nuestro ecosistema y descuartizar algo de ganado? ¿Se aburrieron de tanta inspección de orificios? ¿Ya recopilaron toda la información necesaria para su estudio de la raza humana? Ahora tenemos que lidiar con hordas de extraterrestres imbuidos por las peores de las ideas. Si ya de niños (o no tanto, ejem…) pasamos el rato cargándonos navecitas como locos mientras jugábamos al Space Invaders o al Galaga, qué no haremos ahora (y qué no harán ellos). Entre sus intenciones están:

a) Evangelizarnos.  Como fanáticos religiosos los hay hasta en las mejores familias, en la saga Halo seremos el blanco de una especie de cruzada alien perpetrada por la denominada alianza Covenant. 

b) Invadirnos. Si encima el asedio viene de parte de antiguos representantes de nuestra raza como los Helghast de Killzone, escuece un poco más.

c) Esclavizarnos. Toda invasión persigue un fin, y en el caso del imperio Combine de Half-Life 2, es la incorporación de la especie humana a sus conquistas.

d) Destruirnos. ¿Para qué vamos a andarnos con tonterías? Que se lo pregunten si no a los segadores, mitad alienígenas, mitad máquina, de Mass Effect.

El enemigo está en el interior: No siempre la amenaza es externa. A puñados y con muy mala leche salen de las entrañas de la tierra los Locust (y sus primos hermanos, los Lambent) de Gears of War a intentar (cómo no) acabar con la humanidad. O, cosa probable, nos vemos envueltos en una tercera, cuarta, quinta guerra mundial o conflicto bélico entre potencias, como en Modern Warfare.

Futuro Post-apocalíptico: Me río yo de Cormac McCarthy. Darse un paseíto por el Yermo por el que transcurre Fallout 3 cargándose mutarachas y bebiendo nuka-cola, intentando no ser masacrado por ninguno de los mutantes híper-musculados (e híper-cabreados) que nos cruzaremos en nuestro camino o atravesar el páramo de RAGE esquivando bandidos y enemigos de diverso pelaje asusta hasta al más pintado. ¿Las causas de haber llegado a esta situación? Impactos de asteroides, apocalípsis nucleares… Vamos, lo típico en estos casos.  

Llega el apocalipsis (pero el de verdad): El fin del mundo. El Armagedón. El Juicio Final. El caso más extremo posible. No hay escapatoria ni salvación. De hecho, en este supuesto, la humanidad tiene poco que decir (y nada que luchar), ya que estará siendo juzgada severamente por sus actos.  Aún así, siempre podemos pasar un buen rato manejando a alguno de los jinetes del apocalipsis como en Darksiders.

Y si a esto le sumamos posibles pandemias como en el primer Deus Ex, infecciones alienígenas relacionadas con extraños cultos religiosos como en Dead Space y el recurrente tema zombie, la única conclusión posible es la siguiente: ya que, de una manera u otra, estamos fastidiaos… ¡por lo menos que nos pille preparados!

 

Diana Villar

@halo_di


 

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