Trampeando al videojuego

Trampeando al videojuego

El recién estrenado Presidente de los Estados Unidos, el tan carismático como criticado Donald Trump, parece haber llegado a la Casa Blanca dispuesto a aplicar algunas de las políticas más controvertidas que ha promulgado durante la campaña electoral. Tras plagiar parte del discurso del villano de El caballero oscuro: La leyenda renace en su investidura, el multimillonario empresario nos tenía reservada una nueva y desafortunada sorpresa.

En su afán de asegurar el éxito de la producción norteamericana y torpedear la importación extranjeras, hace apenas unos días firmaba la retirada del país del Acuerdo Trans-Pacífico de Cooperación Económica. De este modo, cualquier producto llegado desde el continente asiático contará ahora con más trabas para desenmbarcar en Estados Unidos, al menos económicamente.

Desgraciadamente, esta medida podría derivar en un futuro próximo en el encarecimiento de los bienes fabricados fuera de las fronteras del país donde, por supuesto, la industria del videojuego no será una excepción. Juegos y también consolas, como PlayStation 4 o la próxima Nintendo Switch, que deberían incrementar su coste para distribuirse en Estados Unidos y obtener los mismos beneficios que hasta ahora.

Sin embargo, no sería la única decisión política que afectaría a este sector próximamente. Para complementar la medida anterior, Trump estaría valorando la aprobación de nuevos impuestos con los que aumentar el coste de los bienes manufacturados fuera del país, en cualquier otro lugar del mundo. Al parecer, esto podría suponer un aumento del 5 al 10% en el precio de todos esos productos, en los que de nuevo debemos incluir a los videojuegos.

Tal es la preocupación que incluso un organismo oficial, la ESA (The Entertainment Software Association) se ha manifestado recientemente al respecto. En unas declaraciones a Polygon, la institución ha asegurado estar “investigando el asunto” para ofrecer nueva información lo antes posible, pues se trata de un problema que afectaría de forma llamativa a toda la industria.

La preocupación no radica únicamente en el incremento de los precios, sino en las posibles consecuencias que podrían derivar de la implantación de estas medidas proteccionistas por parte de un país como Estados Unidos, capaz de alterar la economía mundial dada su calidad de referente en todo el planeta. ¿La decisión de un solo hombre podría modificar los precios incluso en Europa? Probablemente sí.

Debemos tener en cuenta que la mayoría de multinacionales tiene en cuenta el nivel de precios en Norteamérica para fijar los mismos en el resto de regiones. Seguramente, los usuarios europeos serían incluso más perjudicados que los propios estadounidenses dado a que los precios suelen coincidir pese a la disparidad de las monedas. El ejemplo más reciente es el de Nintendo Switch, que allí puede reservarse por 300 dólares y aquí por 315 euros.

La consola de actual generación de Sony también tiene un coste de 400 dólares en Estados Unidos y de 400 euros en territorio europeo, por lo que el riesgo de ver aumentado su precio de venta resultaría, efectivamente, más dañino para el comercio de la Eurozona que el de los propios ciudadanos norteamericanos. Por sorprendente que parezca, incluso la consola Xbox One, teóricamente producto nacional, está fabricada en China, por lo que también resultaría afectada por la medida en su propio país.

Pese a los inconvenientes que estas políticas puedan llevar a todo lo relacionado con el videojuego, lo más preocupante sea quizás la posibilidad de réplica de otros países a las nuevas normas con las que Trump quiere regir el mercado. ¿Qué ocurriría si otros mandatarios reprodujeran medidas proteccionistas como las que ha empezado a aplicar el político republicano?

Seguramente, la imposición de diferentes aranceles contra la importación internacional de estos y otros productos derivaría en el aumento masivo del coste, convirtiendo a las consolas de sobremesa y sus videojuegos en bienes aún más exclusivos de lo que son hoy en día. Si tenemos en cuenta que algunos países de América Latina ya pagan en este momento un sobrecoste prohibitivo en algunos casos, la medida puede ser devastadora.

No se trata, en realidad, de sembrar el pánico porque un videojuego de 60 euros pueda costar en el futuro unos 66. Tampoco porque una consola de sobremesa que actualmente puede adquirirse por 400 euros pueda incrementar su precio en 40 euros. El verdadero problema es que algunos se empeñen, amparándose en el bienestar del comercio local, en seguir poniendo trabas a una industria que incluso debería contar con mayores facilidades dada su calidad de bien cultural.

Tristemente, algunos siguen sin considerar al videojuego una forma de cultura equiparable a la literatura, el cine o cualquier otro tipo de arte. La cuestión es, ciertamente, que esas personas sean las que ocupan los cargos de mayor responsabilidad en la política mundial. Citando a Bane, al parecer el villano favorito del Presidente Trump, "no importa quienes seamos, sino cuál es nuestro plan”. Lamentablemente, parece que el mandatario estadounidense ya ha trazado el suyo.

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