Tristiano Ronaldo

Tris apagó el motor de su potente bólido, una bestia gallarda que era su niña bonita, como ella pocas rodaban por ahí. Aunque hacía tiempo que había dejado de sentirse privilegiado porque como él otros muchos titanes pisaban la Tierra.

La cumbia dejó de atronar. Se bajó de la máquina notando un tirón en la rodilla, se había dado una buena paliza en el gimnasio y no sabía si se había pasado dando y puliendo cera. Irina le esperaba viendo la tele. Las cosas andaban raras entre ellos y tocaba arreglarlas. «¿Cariño, qué tal si nos quedamos en casa y nos echamos una partida a la Wii?». La voz de Tristiano sonó humilde, no hay manera de describirlo, Irina se sintió privilegiada. Se besaron, se abrazaron, se tumbaron y… encendieron la consola.

Parecía que todo iba bien, no como ese día por la mañana cuando los platos volaban por la cocina. ¿Y es que hay algo que no pueda arreglar Mario? La partida iba bien, los hermanos italianos picados para arriba y para abajo. Tris pensaba en el cooperativo que iba a echar luego arriba en la habitación, con ella, con su chica, con esa rusa voluptuosa, con ese cuerpo de escánPERO DONDE NARICES VA EL MANDOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!

Ya era tarde, un objeto blanco no identificado golpeó en todo el centro de la tele de chorrocientas mil pulgadas. El impacto no fue ni muy duro ni muy blando, fue perfecto, certero, lo justo para romper por el centro la pantalla. El resto de la escena mejor nos la ahorramos. Irina se encerró en la casita de invitados y Tris se quedó solo en un salón que ahora parecía aún más grande.

No quedaba otra que olvidar la tele del salón y tirar de Skyrim en el dormitorio. Si el día no lo levantaba Dovahkiin, ¿quién lo podría conseguir?. Empezó la partida donde lo había dejado, su personaje lo tenía todo, incluso una armadura daédrica que le daba un porte regio. Estaba a punto de acabar el culmen de la historia, se encaminaba a enfrentarse con Alduin el dragón, llevaba meses esperando este momento pero… ¿Por qué no antes encaminarse al pueblo y coger provisiones? Entró en la aldea y, de repente, todo el mundo se avalanzó sobre él, todos le atacaban. ¿Qué carajo estaba pasando? La cosa cobró sentido en su cabeza: en la última mazmorra le debió morder un vampiro y él no se había tomado la poción de curación ni había ido a una capilla a curarse de todos los males. Pocas cosas duelen más, pocas cosas son más difíciles de solucionar en Elder Scrolls… ¡Malditos chupasangres!

En ese momento saltó el icono en la pantalla. Iker666 era el colega que le pedía partida en el FIFA. Sí, el FIFA. No había narices de convencer a Iker de que se pasara al PES, y eso que cada año llegaba con 50 copias para los colegas del equipo. Fueron 30 minutos de humillación, de burla, de baño, de paseo… Incluso escuchaba de fondo las risas de Sara. No hubo narices a meter mano al portero. Cortó la conexión rápido pero a Iker le dio tiempo a soltar un sonoro «¡Pufo!» por los altavoces.

Lo que faltaba, vaya nochecita. Necesitaba sentirse fuerte, poderoso, tirar de «Modo Dios» y agarró la caja de Dark Souls. Dos horas de espadazos y pasillos sudados con sangre, con pericia y con ingenio. Después de darlo todo pudo dormir. Avanzada la noche se despertó empapado en sudor, comiendo techo y se llevó las manos a la cara… ¡No había guardado partida! 

Le costó volver a conciliar el sueño pero tenía que hacerlo, al día siguiente había partido. La vacilada de Iker en el vestuario fue de órdago. Hasta su colega Marcelo le reía las gracias al capitán y se llevaba la mano en forma de «L» a la frente. Lo que tenía que aguantar…

Metió dos golazos pero no tenía fuerzas para celebrarlos, solo pensaba en ese Dovahkiin con los ojos de vampiro, ¿cuantas horas había invertido en hacerle subir de nivel? Hasta su cuerpo le falló por un descuido y acabó el encuentro lesionado.

Se pegó una ducha, sacó fuerzas de flaqueza y se acercó a la prensa. La reportera de Telemadrid destacaba entre todos y cuando se disponía a sonreír se quedó mirando su camiseta: un Super Mario la decoraba y le miraba a los ojos con una sonrisa estúpida, como diciendo «vaya hostia que se llevó la tele, socio».

Cuando el micro le alcanzó los labios la frase le salió sola la frase a Ronaldo: «Puede ser que esté un poco… triste».

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