Un millón de razones

La semana pasada se llegó a la mágica cifra de un millón de aplicaciones en la App Store. Más allá de la cifra, este momento merece una reflexión.

Las cifras sirven a las compañías como excusa para cubrir con su presencia los medios que cubren el sector. Y como acabamos de ver en las elecciones catalanas, todo el mundo sabe encontrar una cifra que le de una buena luz. Android tiene el número de activaciones diarias y Apple en número de aplicaciones en tienda. Pese a que Android no se queda muy rezagado en aplicaciones, siempre va por detrás, sobre todo en juegos, que es lo que nos interesa.

Pese a los grandes números que mueve Android, perece que la viabilidad de juegos en la plataforma se centra en los títulos free to play. Sigue recibiendo los de más éxito, pero las novedades siguen llegando primero a iOS y la mayoría de las veces en exclusiva.

Del millón de aplicaciones, más de 200.000 son juegos. Las encuestas confirman que en iPad los juegos son la principal ocupación y en iPhone se pelea por la cabeza con la redes sociales. Jugamos mucho a esos 200.000. Cada semana al menos media docena de novedades interesantes y una o dos buenas. Más de cien títulos cada año que merece la pena probar. Y además muchos pesos pesados buscan fórmulas que nos enganchen durante días y días, algo muy entendible, pero que añade presión a la lista de juegos pendientes.

En esta marea contínua de títulos es fácil llegar a un estado de indiferencia. La búsqueda del éxito nos trae muchos títulos con rasgos comunes, de fórmulas que han funcionado, que acentúan esa indiferencia. ¿Que es lo que realmente necesitamos?

Primero tenemos que elevar nuestro umbral de exigencia. Quedarnos con los juegos que toman más riesgos. Y juegos pensados como experiencias limitadas, que dejen buen sabor de boca. Que podamos recomendar, pero también dejar atrás ahora que encaramos el principio del siguiente millón de aplicaciones.

@prisioneropixel
 

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