Videojuegos y temprana pasión

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En una casa donde los videojuegos no eran muy buscados, mi pasión por ellos se desarrolló antes de aprender a leer y escribir.

El ordenador, la Game Boy y la SNES fueron las primeras plataformas que me acercaron a este mundo, capturándome con juegos como el Grand Prix (de Acolade), El día del Tentáculo, Wario Land 3, Rescue of Princess Blobbet, Super Star Wars, Super Mario World o Flash Back. Y desde entonces, la cuenta ha ido aumentando.

Mucha gente cree que las consolas son cosas de niños, en masculino, quizá porque siempre se había educado a las niñas para ser dulces y buenas, jugando a las cocinitas y a las muñecas como futuras amas de casa.

Actualmente, la realidad está cambiando. Aun cuando siguen existiendo videojuegos para chicas, por normal general, la publicidad de todos los demás se orienta a un público sin segmentación por sexo.

Gracias a la evolución del pensamiento sobre la igualdad, ya no sorprende tanto saber que una chica tiene una o varias consolas y pase varias horas jugando, se ve como algo normal. Aunque a veces recaemos en la sorpresa, es de forma positiva. No es la primera vez que se oye el comentario “esta es Fulanita y es buenísima a…” Es un plus, implica que con esa amiga no solo vas a poder hablar o ir a tomar algo, si apetece, se puede pasar una tarde en casa jugando a la consola. En el caso contrario, en los chicos puede resultar extraño. Se ha establecido una correlación casi inseparable “chico-consola” como si nacieran con una debajo del brazo.

No obstante, las generaciones que han pasado su infancia rodeadas de tecnologías se sorprenderán por artículos como estos, pues seguramente no se habrán detenido a pensar si es propio de las chicas jugar a los videojuegos.
 

Paz Boris Barandiarán

 

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