Videojuegos y violencia, el cuento de nunca acabar

Los aficionados a los videojuegos siempre hemos tenido que soportar todo tipo de comentarios por nuestro más querido hobby: que si son para frikis, que si son adictivos, que si provocan epilepsia. Sin embargo, otra de las ideas que ha arraigado en el subconsciente de todos aquellos que no comprenden el mundillo es la que relaciona los videojuegos con la violencia. ¿Nos hace el ocio electrónico violentos? La respuesta es rotundamente no, como han demostrado decenas de estudios a lo largo de los años.

Pese a ello, las personas de una edad avanzada, aquellos que no quieren asumir su cukpa en la mala educación de sus hijos e incluso los medios de comunicación más convencionales siguen obsesionados con esa idea. El caso más reciente hemos podido hallarlo tras el terrible atentado producido en la ciudad alemana de Múnich hace tan solo unos días. El criminal tenía, como se ha probado, problemas mentales, pero no han sido pocos los que han tardado en contar el cuento de siempre.

No mencionaremos directamente a los medios porque no merece la pena, pero estamos hablando de un periódico de referencia en España que publicaba lo siguiente en su cuenta de Twitter: “El autor de la masacre de Múnich, en tratamiento psiquiátrico, era un joven tímido y apasionado de los videojuegos”. ¿Era realmente necesario resaltar su afición por los videojuegos? ¿Lo habrían mencionado si su pasión hubiera sido el cine o el teatro? Para más inri, dentro del texto se podía leer que “era aficionado a los videojuegos, especialmente a los más violentos”. Sería interesante conocer el baremo de este medio para calificar qué juegos son los más violentos y el interés que tiene para el lector de una noticia tan trágica saber en qué gastaba su tiempo libre un asesino.

La cosa, por supuesto, no acaba aquí, y otro gran medio nacional, en este caso una televisión de renombre, señalaba en uno de sus titulares sobre la matanza de Múnich que “el joven empezó a preparar el ataque hace un año inspirándose en un videojuego”. ¿Realmente hace falta inspirarse en un videojuego para perpetrar un vomitivo hecho de esta magnitud? ¿Es que acaso el encargado de esta noticia no ha visto una película de Rambo en su vida? Como imagino de vosotros, queridos lectores, he leído, visto y jugado a centenares de obras violentas y por el momento no he sentido ningún instinto asesino en mi interior.

Estos dos casos son el extremo, pero en los últimos días, y como consecuencia del fenómeno mundial que ha originado Pokémon GO, también son muchos los “profesionales” del sector periodístico los que se han apresurado a insultar y menospreciar a todos aquellos que lo están disfrutando. Cuando los videojuegos se juegan sentado, los critican; cuando nos impulsan a explorar las calles, más de lo mismo. ¿Estarían los medios tradicionales satisfechos de alguna forma o critican por criticar y alimentar el odio entre los sectores más conservadores?

Os voy a poner un ejemplo. En una de las clásicas tertulias matutinas de la televisión, un colaborador que es ni más ni menos que doctor en psiquiatría se atrevió a pronunciar las siguientes palabras: “la tontería no tiene edad” o “coge el cociente intelectual de los que están jugando a Pokémon y contrástalo con el de los jugadores de fútbol; todos los físicos nucleares están jugando a esto”. Por lo visto, según este individuo, si tu tiempo libre no lo dedicas a leer libros sobre física cuántica o química molecular no eres más que un tontaina. Hemos llegado demasiado lejos.

Generalizar nunca llega a ninguna parte, pero puedo sostener, sin temor a equivocarme, que quienes están insultando despiadadamente a los jugadores de Pokémon GO no son más que personas aburridas en su vida que no son capaces de disfrutar con nada que no sea intentar ridiculizar al resto de la humanidad. Personas que nunca han mostrado ningún interés por los videojuegos ahora se creen moralmente superiores por no haber sucumbido a “un juego que pretende aborregarnos”, como también se ha podido leer por ahí. Señores de los medios tradicionales, les daré un consejo: vivan y dejen vivir.

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