Yo soy "hard-casual"

Desde la irrupción de DS y Wii se ha ido creando una fractura entre dos tipos de jugadores bien diferenciados: el hardcore y el casual. El primero responde al perfil del jugador de toda la vida, al que le gustan aquellos juegos que suponen grandes retos, las grandes superproducciones del mercado y los títulos de géneros clásicos, como la lucha, el rol o la acción en primera persona. El segundo, el casual, viene a representar a un público mucho más amplio, formado por niños pequeños, madres o abuelos. En general, aquellos que nunca, o casi nunca cogen un mando. Este grupo habitualmente disfruta con juegos familiares, puzles sencillos y títulos basados en minijuegos, con cierta predilección por los mandos de movimiento que les permiten superar sin problemas el “pánico al mando”, del que hablaremos con más detenimiento otro día. Sobra decir, por supuesto, que estamos generalizando y que hay muchas excepciones.

Como se puede ver, estamos ante dos públicos totalmente diferentes, socialmente distintos y con, incluso, mercados de videojuegos que no tienen nada que ver. Lo que le gusta a unos habitualmente no les gusta a otros. Sin embargo, hay una excepción que supone el éxito absoluto en la industria: los títulos “hardcasual”. Hablamos de éxito y, para ello, sólo hace falta decir dos nombres: Super Mario y Angry Birds.

El primero es el icono del mundo del videojuego y el personaje de animación más reconocido del mundo actualmente, por delante incluso de Mickey Mouse. El segundo es el videojuego para móviles más exitoso de la historia y uno de los más vendidos de toda la industria, supera ya los 400 millones de descargas en todo el globo y cuenta hasta con su propio parque de atracciones. Jugadores habituales y ocasionales los juegan por igual, ¿por qué? ¿Cuál es el secreto para atraer a unos y otros?

La fórmula parece ser clara, ya que tanto en Super Mario como en Angry Birds se repite. Ambos son títulos de fácil acceso y aprendizaje. Los primeros niveles los puede superar cualquier persona, no suponen ningún reto, su función es servir de aprendizaje de los controles. Estos, por su parte, son siempre muy sencillos. Super Mario (en 2D) poco más que salta, con dos botones ya puedes llevar a cabo todos sus movimientos. Angry Birds va todavía más allá. Con un dedo hay que apuntar y lanzar el pájaro en la dirección adecuada. Como mucho, además tendrás que pulsar en la pantalla cuando esté en el aire para utilizar su habilidad especial… y ya está.

Hasta aquí todo muy sencillo, ideal para jugadores ocasionales. La clave para que le guste a los usuarios más hardcores es que su curva de aprendizaje, pese a ser muy suave, no para de crecer en ningún momento hasta convertirse en títulos tremendamente difíciles. El secreto, por tanto, se puede resumir en tres puntos: controles muy sencillos, curva de aprendizaje suave y, por último, exigencia jugable en torno a la mitad del título. Porque, además, los dos primeros elementos hacen que incluso el jugador menos experimentado se pique en los niveles de dificultad más altos, cuando ya ha adquirido la habilidad suficiente con el título como para que le resulte atractivo pese a ser difícil de jugar.

Con esta fórmula, el éxito parece estar asegurado. Muchos son los títulos que están siguiendo este sistema, especialmente en dispositivos móviles de última generación (smartphones), donde pueden llegar al público tanto casual como hardcore fácilmente. Algunos ejemplos, Cut the Rope, Plants vs Zombies o Fruit Ninja.

En el mercado de títulos físicos esta tendencia es menor, la polaridad entre los dos mercados es la tónica y sólo la rompen títulos como Super Mario o Donkey Kong. Pero que nadie diga que la dificultad, lo hardcore y el juego casual son irreconciliables. Todos estos nombres demuestran que sí lo es.

Twitter: @DavidNavarroB


 

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